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El análisis del ADN de 115 bisontes norteamericanos, incluidos ejemplares de hasta 20 000 años, reveló que la caza masiva casi los borró del mapa, pero no logró desaparecer su diversidad e historia genética

Por Skarlett Soto · 9 septiembre, 2026 · 6:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El análisis del ADN de 115 bisontes norteamericanos, incluidos ejemplares de hasta 20 000 años, reveló que la caza masiva casi los borró del mapa, pero no logró desaparecer su diversidad e historia genética
Imagen generada con inteligencia artificial
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Estuvimos a punto de borrar al bisonte de la faz de la Tierra.

A finales del siglo XIX, la caza excesiva dejó muy pocos bisontes vivos.

Sin embargo, un nuevo estudio de ADN mostró algo inesperado: aquella tragedia no logró borrar toda la diversidad genética que el bisonte había acumulado durante miles de años.

¿Será posible usar la información de esos restos antiguos para ayudar a los rebaños actuales a recuperar parte de lo que tenían antes del colapso?

Un viaje genético de 20 000 años para evaluar el impacto de la caza

Para resolver el misterio, un grupo de científicos hizo algo fascinante: viajó en el tiempo a través del ADN.

Analizaron el genoma de 115 bisontes antiguos.

Algunos restos tenían hasta 20 000 años de antigüedad y otros pertenecían a animales que vivieron durante la época de la gran matanza.

Después, compararon toda esa información con el ADN de 45 bisontes que viven hoy para reconstruir la historia genética de la especie.

El resultado de esta comparación fue revelador.

Los datos mostraron que, antes del gran colapso, las poblaciones de bisontes estaban mucho más conectadas entre sí.

Los animales podían desplazarse y compartir genes entre distintas regiones de una forma que ya no ocurre entre muchos de los rebaños actuales.

La matanza del siglo XIX estuvo a punto de borrar a los bisontes, pero el análisis de ADN trajo una gran noticia: buena parte de aquella diversidad genética logró sobrevivir.

El problema es que quedó repartida en pequeños pedazos.

En lugar de formar poblaciones ampliamente conectadas, esa herencia terminó dividida entre las pocas manadas que lograron salvarse.

Ni vacas disfrazadas ni una sola especie

Este análisis también ayudó a aclarar varias ideas sobre la historia reciente del bisonte.

A principios del siglo pasado, muchos rancheros intentaron cruzar bisontes con vacas para conseguir un animal más resistente.

Por eso, durante mucho tiempo existió la preocupación de que esos cruces hubieran dejado una gran huella en la genética del bisonte.

bisonte
La gran matanza masiva del bisonte norteamericano en el siglo XIX redujo su población de unos 60-70 millones de ejemplares a apenas unos cientos hacia 1880.

Pero el estudio encontró que muchos de los animales analizados no tenían ascendencia bovina.

El otro punto que aclaró el análisis fue la relación entre los dos tipos de bisontes que existen: los bisontes de las llanuras y los bisontes de bosque.

El ADN antiguo mostró que ambos grupos ya tenían diferencias antes de las grandes intervenciones humanas del siglo XX.

El problema apareció con una decisión humana.

En la década de 1920, miles de bisontes de las llanuras fueron trasladados hacia el norte de Canadá.

La mudanza dejó una marca que dura hasta hoy, porque provocó una importante mezcla genética entre ambos grupos.

Aun así, los datos muestran que los bisontes de las llanuras y los bisontes de bosque conservan diferencias que deben tenerse en cuenta a la hora de protegerlos.

Cómo usar el pasado para conectar los rebaños del futuro

Estos descubrimientos permiten entender mejor cómo proteger al bisonte de aquí en adelante.

Ahora sabemos que buena parte de la diversidad genética de sus antepasados no desapareció, sino que quedó repartida entre distintos rebaños.

El desafío es evitar que el aislamiento de esas poblaciones termine reduciendo todavía más esa diversidad con el paso de las generaciones.

Y ahí es donde el ADN antiguo puede convertirse en una herramienta muy útil.

Al saber qué diversidad existía antes del gran colapso y qué parte conserva cada población actual, los científicos pueden tomar mejores decisiones para manejar y recuperar los rebaños.

Los autores también señalaron que, aunque hubo cruces durante el siglo pasado, los bisontes de bosque y los bisontes de las llanuras deben seguir siendo tratados como grupos distintos en los esfuerzos de conservación.

Después de estar tan cerca de perderlos, mirar el ADN de los bisontes que vivieron hace miles de años puede ayudarnos a cuidar mejor a los que todavía recorren Norteamérica.

 

Puedes consultar el estudio completo en: Oppenheimer, J., Kapp, J. D., Cassatt-Johnstone, M., Sacco, S., Seligmann, W. E., Conwell, H. C., Ford, S., Gunn, C., Barlow, L. D., Phillips, A., Cannon, K. P., Todd, L. C., Pelton, S. R., MacKay, G., Forsythe, K., Edwards, M. A., Ball, M. C., Bruinsma, D. R. W., Metcalfe, J. Z., … Shapiro, B. (2026). Paleogenomic insight into the collapse, recovery, and management of American bison. Science, 393(6811), eaee4205. https://doi.org/10.1126/science.aee4205

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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