La radiación dejó huellas en muchas de las especies que siguieron viviendo en Chernóbil.
Décadas de investigaciones sobre distintos animales ayudan a entender qué ocurrió después del accidente y qué sigue pasando hoy.
Desde aves con cataratas hasta perros que viven a pocos kilómetros de distancia y presentan diferencias genéticas que los científicos todavía intentan comprender.
Pero los efectos no han sido iguales para todos.
¿Qué ocurrió con los animales que siguieron viviendo allí durante las décadas siguientes?
Décadas después, las huellas del accidente siguen apareciendo
Los bosques parecen verdes y llenos de vida por fuera, pero cuando los científicos observan más de cerca encuentran otra historia.
La contaminación radiactiva no desapareció cuando las personas abandonaron la zona.
Sustancias como el cesio-137 permanecen en el ambiente y pueden incorporarse a los organismos a través del agua y los alimentos, aunque la exposición cambia mucho dependiendo del lugar y de la especie.
En algunas aves, por ejemplo, los científicos encontraron una mayor frecuencia de cataratas relacionada con los niveles de radiación.
También se documentaron anomalías como el albinismo parcial en golondrinas.
Los efectos llegaron incluso a los animales más pequeños del bosque.
Estudios realizados con invertebrados encontraron que la abundancia de abejorros, mariposas, saltamontes, libélulas y telas de araña disminuía en lugares donde aumentaban los niveles de radiación.
Pero no todos los animales respondieron de la misma manera.
Y algunos empezaron a mostrar cambios mucho más difíciles de explicar.
Algunos animales cambiaron de maneras inesperadas
Los perros que viven en la zona tienen una historia particular.
Muchos descienden de poblaciones de perros que llevan décadas viviendo alrededor de Chernóbil.

Cuando los científicos estudiaron su ADN, encontraron que los perros que viven cerca de la central son genéticamente diferentes de los que viven en la ciudad de Chernóbil, a unos 16 kilómetros de distancia.
Eso no significa que la radiación los haya convertido en «superperros» ni que haya cambiado directamente su ADN para ayudarlos a sobrevivir.
Lo que encontraron fueron poblaciones genéticamente diferenciadas, y los científicos todavía investigan qué papel pudieron tener décadas de exposición ambiental y otros factores.
Con las ranas ocurrió algo igual de curioso.
Las ranas arborícolas orientales encontradas dentro de la zona de Chernóbil son mucho más oscuras que las de otros lugares.
Los investigadores creen que la radiación después del accidente pudo favorecer a las ranas que ya tenían una pigmentación más oscura, porque la melanina puede ofrecer cierta protección frente a la radiación.
Pero todavía quedaba una contradicción difícil de ignorar.
Si la contaminación seguía dejando huellas, ¿por qué tantos animales grandes estaban viviendo allí?
La gran contradicción de los bosques de Chernóbil
Cuando las personas abandonaron gran parte de la zona, también disminuyeron muchas de las presiones que ejercían sobre los animales.
Había mucho menos tráfico, agricultura y ocupación permanente del territorio.
Y la vida salvaje encontró mucho más espacio.
Hoy, en la zona viven animales grandes como lobos, alces, linces, bisontes europeos y caballos de Przewalski.
Eso no significa que la radiación sea inofensiva.
Los estudios siguen encontrando efectos en determinadas especies y organismos, mientras que otras poblaciones han logrado mantenerse o crecer en un territorio con mucha menos presencia humana.
Y ahí está lo más curioso de Chernóbil.
Un mismo lugar puede mostrar las consecuencias de la contaminación y, al mismo tiempo, convertirse en refugio para numerosos animales.
Casi cuarenta años después del accidente, sus bosques no cuentan una historia sencilla de destrucción o recuperación.
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