Desde el Gobierno de EE. UU. siguen firmes en su política de desregulación energética, con el objetivo de incentivar la actividad productiva en el país. Este viernes, el Comité de Reglas de la Cámara, presidido por Virginia Foxx, anunció la presentación de un nuevo proyecto para eliminar las políticas energéticas hiperagresivas impulsadas por la izquierda, a las que califica como «una locura».
Una clara convicción
El presidente Donald Trump, para su segundo mandato, adoptó una postura firme contra las excesivas regulaciones energéticas y ambientales. Gracias a un exhaustivo trabajo por parte de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), logró derogar importantes normativas, como la «constatación de peligro», considerada como la base legal para regular gases del efecto invernadero de empresas y vehículos.
Para la administración republicana, este tipo de normativas representa una gran barrera para el crecimiento económico del país y genera millonarias pérdidas: US$1,3 billones en costos regulatorios, según el director Lee Zeldin, lo que se traduce en vehículos mucho más caros y más impuestos para los estadounidenses. Así también destacaron que los excesos regulatorios sobre el combustible en lugares como California son los culpables del aumento en la energía.
La guerra contra la agenda verde por parte del Gobierno de EE. UU. pretende incentivar la actividad petrolífera, a la que considera crucial para alcanzar uno de los principales objetivos de la gestión trumpista: la dominancia energética. Además, busca destrabar la burocracia existente en torno a la construcción, lo cual ahuyenta importantes inversores privados que mostraron interés en desplegar sus actividades en territorio estadounidense.
Cambios en las políticas de regulación
A través de la cuenta oficial de X del Comité de Reglas de la Cámara, el Gobierno anunció un nuevo movimiento en contra de la agenda verde de la izquierda para «restaurar el sentido común». Según destacaron en esta publicación, presentarán un proyecto de ley para erradicar las políticas energéticas hiperagresivas, a las que considera «una locura» y no una estrategia, tal como aseveran desde los sectores progresistas.
«A la izquierda siempre le han entusiasmado las políticas hiperagresivas de energía verde, tanto que cuando crean políticas sobre el tema, hacen todo lo posible por sobrerregular todo lo que existe», reza la misiva, firmada por Virginia Foxx, presidenta del comité. Siguiendo esta línea crítica, la legisladora destacó que los resultados fueron puramente negativos, con mayores costos, mandatos emitidos como edictos y objetivos de eficiencia arbitrarios y descabellados.
Es por eso que el Comité de Reglas de la Cámara presentó el proyecto de ley H.R. 4690, el cual busca revertir la «locura» de la izquierda, ayudando a controlar los costos inflados de construcción, acelerar los plazos de los proyectos e impulsar la innovación. De esta forma, el Gobierno de EE. UU. pretende facilitar «un retorno tardío» al sentido común en la formulación de políticas.
Guerra contra la agenda verde
Este tipo de medidas ratifican la postura de la administración de Donald Trump respecto a la transición energética y a las políticas que responden a la agenda verde. Es que los planes del mandatario van por otra línea completamente diferente, en la que prioriza el uso de combustibles fósiles y la actividad petrolífera, con la idea de alcanzar la independencia energética y dominar el mercado del petróleo.
Desde la administración republicana denominan esta agenda como «una nueva estafa», que conlleva pérdidas millonarias para el país. Por este motivo, lleva adelante profundos cambios en la histórica ley climática impulsada por el expresidente Joe Biden, a través de la cual brindó beneficios fiscales para vehículos eléctricos y proyectos de energía limpia e impuso normativas proteccionistas para el medioambiente. Esto se tradujo en trabas para la actividad petrolífera, cierre de refinerías y una disminución en la producción de combustibles fósiles.
