El presidente Trump promueve el dominio energético bajo un plan fiscal que apoya la reactivación de la energía nuclear en el país. Se sabe que la energía nuclear es una fuente estable y suficiente de energía para abastecer el mercado; sin embargo, tiene diversas opiniones encontradas por los riesgos de seguridad y desechos radioactivos. Aunque Estados Unidos ve una oportunidad económica como motor de empleo y beneficios.
Políticas fiscales que impulsan la economía energética en Estados Unidos
Los recortes fiscales para familias trabajadoras son una ley promulgada por el presidente hace un año. En ella, se estipulan diversas medidas y regulaciones que, tal como asegura la Casa Blanca, buscan posicionar a los Estados Unidos como fuente económica de alto poder y recobrar su liderazgo de potencia.
Para la administración Trump, la energía es uno de los factores a considerar como motor económico. La energía actualmente es una fuente de empleo y de inversión, por lo que las regulaciones y reformas fiscales buscan posicionar la industria con atracción de nuevos proyectos.
No obstante, ese enfoque se está centrando en retomar una fuente olvidada: la energía nuclear. Bajo el alivio fiscal y la creación de competencia, el gobierno está buscando que las empresas aceleren la reapertura de plantas que estuvieron cerradas, así como nuevos proyectos en energía nuclear.
Impacto económico para fortalecer una de las energías más baratas
Según lo establecido por el Departamento de Energía, las políticas fiscales están impulsando la apertura de dos centrales nucleares fundamentales para el dominio energético. Se trata de centrales ubicadas en Michigan y Pensilvania.
Con ello, se fortalece la expansión energética y la producción nacional. La energía nuclear se muestra como una de las fuentes más económicas, que podría bajar los costos en los hogares estadounidenses, ya que es estable y no depende de mercados internacionales como el combustible fósil.
Pero no se trata de solo disminuir los precios en la factura de luz; también funciona como fuente generadora de empleo para miles de familias y atracción de inversión a la región. Al tener un aumento en producción energética, más empresas podrán instalarse con costos baratos y sin interrupciones.
Esto se traduce en beneficios económicos para el país con ingresos e inyección de capital privado. De acuerdo con información del gobierno, se incluyen US$1500 millones para la central de Palisades en Michigan y unos US$1000 millones para la central de Crane en Pensilvania.
Bajo esta modalidad, se espera que la capacidad energética de dichas regiones sea suficiente para dinamizar los costos y que las familias deban pagar menos en sus facturas. Por tanto, el modelo es usar el gasto público y el sistema fiscal para reducir los riesgos financieros en inversión nuclear.
Reducir las dependencias energéticas es el objetivo de la propuesta fiscal
Mediante un plan fiscal de recortes que beneficia a los trabajadores principalmente, los ingresos aumentan y, por ende, el consumo también. Por lo tanto, contar con la energía nuclear para abastecer hogares y la demanda que requieren los productores industriales ante el aumento de consumo es vital.
Otro de los puntos centrales de esta medida es reducir la dependencia del mercado extranjero; con las volatilidades en precios de combustibles fósiles, quieren tener una fuente independiente que permita reforzar la cadena de suministro.
El impacto energético del plan fiscal de Trump se centra en darle un papel a la energía nuclear, a pesar de las críticas y dudas sobre su seguridad y cuidado ambiental. Si la tendencia se mantiene y la producción de baterías sigue en aumento, así como la diversificación de fuentes energéticas, Estados Unidos tendrá un motor económico de alto valor.
