El presidente Donald Trump ha anunciado que se producirán bajadas en los precios de los combustibles en determinadas estaciones de servicio de la región de Filadelfia. Esta proclama llega justo antes de la fiesta estadounidense del 4 de julio y consiste en la forma en que el propio presidente quiere demostrar que los precios del petróleo y la gasolina están empezando a bajar en todo el país.
Presiones oficiales para abaratar los surtidores
Si bien el presidente aseveró en sus redes sociales que las cotizaciones globales están cayendo, sostuvo que la velocidad de caída en los surtidores no es la que quisiera su administración. «Tal como prometí, los precios del petróleo están cayendo rápido, y los precios de la gasolina en surtidores también están cayendo, no tan rápido como deberían», dijo Trump, quien recordó que el barril de crudo se encontraba cerca de la franja de los US$68.
Frente a este hueco, el presidente exigió a los minoristas que bajen de inmediato sus precios, haciendo un llamado para que apunten a un valor objetivo de US$2,50 por galón. La presión fue directa y vino acompañada de una amenaza de investigación federal por especulación comercial, una práctica que, aseguró, era totalmente ilegal. El gobierno recordó que mantendrá el ojo sobre el sector y avisó que, de no bajar rápidamente los precios, los comerciantes tendrían serios problemas.
El terreno de batalla impositivo y político
El dilema sobre el costo del combustible desató rápidamente un cruce político de muy alto voltaje, con la sorpresa de que el principal objetivo del ataque era el propio estado de California. El presidente no dudó en criticar la política fiscal de este estado, asegurando que los impuestos locales eran ya tan altos que pronto sobrepasarían el precio del propio producto, lo que a su juicio constituía lo que él mismo definió como un abuso inadmisible hacia los ciudadanos californianos.
La contestación del gobierno de Gavin Newsom no tardó en llegar. Desde su oficina de prensa le recordaban al inquilino de la Casa Blanca anteriores declaraciones suyas en las que elogiaba los beneficios económicos de un petróleo caro, y tildaban de causa del problema la reciente escalada bélica en Irán. La administración californiana sostenía que este conflicto belicista había encarecido el precio medio a nivel nacional en US$63 000 millones, lo que suponía un coste de US$243,14 de sobrecarga por familia desde el comienzo de este año.
La realidad de los precios a nivel nacional
El principal objetivo de la actual administración es anular los costos de los registros más bajos que se obtenían desde antes de las tensiones de Medio Oriente. Previo a la crisis que involucró a Estados Unidos, Israel e Irán, el promedio nacional en las estaciones de servicio mantenía los US$3 por galón, el valor que el gobierno quiere romper para dar alivio a los bolsillos de los automovilistas.
En este sentido, los datos del Automóvil Club de Estados Unidos, sin embargo, marcan un escenario mucho más complicado. Hasta mediados de semana, el promedio nacional era del orden de los US$3,847 por galón. Las diferencias regionales sobran, en Pensilvania, el galón lo sitúa en la zona media de US$3,986, mientras que el caso de California muestra la situación más negativa del país y sostiene su precio en torno de los US$5, situándose en la cifra de los US$5,414 por galón.
La intensa campaña del gobierno para tratar de disminuir el precio de la gasolina combina un reclamo del gobierno por responsabilidad de las empresas con amenazas de intervención federal. El equipo del presidente quiere que la baja de la cotización internacional del crudo llegue pronto al consumo cotidiano de las familias, justo antes del fin de semana que moviliza históricamente a millones de personas por las rutas del país.
