Pronto las grandes manchas negras del océano dejarán de asustarnos.
Suena extraño, pero la ciencia acaba de dar uno de sus mayores saltos.
Los derrames de petróleo son una de esas catástrofes que dejan heridas durante años.
Cuando el crudo se extiende sobre la superficie del mar, detenerlo se convierte en una carrera contra el tiempo.
Si alcanza las costas, las consecuencias pueden ser devastadoras para los ecosistemas, la pesca y las comunidades que dependen del océano.
Por eso, cada accidente importante pone a prueba la capacidad de los equipos de emergencia.
Sin embargo, existe un problema añadido.
Incluso las técnicas que se utilizan actualmente para contener las manchas de petróleo tienen importantes limitaciones.
Y precisamente tratando de resolver ese inconveniente, un grupo de científicos ha encontrado una alternativa que parece sacada de la ciencia ficción.
Pero ¿cómo se puede limpiar más rápido un derrame sin trasladar parte de la contaminación del agua directamente al aire?
El enorme desafío de limpiar una marea negra
Los derrames petroleros figuran entre los desastres ambientales más complejos que existen.
El accidente de Deepwater Horizon, ocurrido en 2010 en el Golfo de México, mostró hasta qué punto una sola fuga puede afectar a la vida marina y alterar ecosistemas enteros durante décadas.
El petróleo forma una película oscura que bloquea la luz y dificulta el intercambio de oxígeno en el agua.
Peces, aves marinas y numerosas especies pueden sufrir las consecuencias durante mucho tiempo.
Y cuando la mancha alcanza las playas, la situación empeora todavía más.
La arena, las rocas y los humedales pueden quedar cubiertos por una capa pegajosa muy difícil de eliminar.
Además del impacto ambiental, muchas comunidades costeras ven afectadas actividades esenciales como la pesca o el turismo.
Por eso, actuar con rapidez es fundamental.
El problema que tienen incluso los métodos actuales
Cuando se produce una emergencia, los equipos de respuesta suelen desplegar barreras flotantes para contener el petróleo y utilizan embarcaciones especiales para recogerlo.
Pero cuando las manchas son demasiado extensas o las condiciones del mar empeoran, estos sistemas pierden eficacia.
En esos casos, existe otra estrategia menos conocida.
Los especialistas pueden prender fuego al petróleo que flota sobre el agua para impedir que continúe extendiéndose.
La técnica permite reducir rápidamente el tamaño de la mancha, pero presenta varios inconvenientes.
El proceso no siempre logra consumir todo el combustible.
Parte del petróleo queda flotando y continúa representando una amenaza para la fauna marina.
Además, las llamas producen grandes cantidades de hollín y humo negro, trasladando una parte de la contaminación desde el océano hacia la atmósfera.
Durante años, ese fue uno de los principales límites de esta técnica.
Hasta que un descubrimiento inesperado empezó a cambiar las cosas.
Los científicos descubrieron que un remolino de fuego puede quemar mejor el petróleo
Investigadores de la Texas A&M University y de la Universidad de California en Berkeley comprobaron que un fenómeno muy peculiar puede hacer mucho más eficiente la combustión.
Se trata de los llamados tornados de fuego.
Aunque el nombre pueda resultar inquietante, no son desastres naturales fuera de control.
Son columnas giratorias de llamas generadas de forma controlada que favorecen la entrada de oxígeno y elevan considerablemente la temperatura de la combustión.
Ese efecto hace que el petróleo se consuma con mucha más eficacia.
Durante las pruebas realizadas por los investigadores, el combustible se quemó hasta un 40% más rápido que en los incendios convencionales y la eficiencia alcanzó valores cercanos al 95%.
Además, la cantidad de hollín liberado se redujo aproximadamente un 40%.
En otras palabras, se consigue eliminar más petróleo y generar menos contaminación secundaria.
La tecnología todavía se encuentra en fase experimental y quedan muchos estudios por delante antes de pensar en aplicaciones reales a gran escala.
Sin embargo, los científicos creen que este fenómeno podría convertirse en una herramienta complementaria para responder a futuros derrames.
Si logra desarrollarse con éxito, permitiría reducir la cantidad de residuos que terminan llegando a las costas y acelerar la recuperación de los ecosistemas afectados.
Después de décadas luchando contra las mareas negras con métodos imperfectos, la ciencia podría haber encontrado una ayuda inesperada.
Y curiosamente, esa ayuda tendría la forma de un pequeño tornado de fuego.
