La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha hecho público un notable cambio en las relaciones de mercado en el ámbito de la generación eléctrica mundial. El grado de aprobación para la edificación de nuevas plantas de energía de origen gasístico, el año pasado, fue el más alto que se haya registrado en los últimos veinticinco años. La reactivación de las infraestructuras termoeléctricas responde a las urgencias en materia de abastecimiento y es, además, un punto de referencia en la planificación energética actual, pues ha hecho que las estimaciones previas respecto a la descarbonización acelerada en los mercados desarrollados cambien.
El auge de los centros de datos y el giro en la demanda norteamericana
El factor más determinante que ha conducido a los Estados Unidos a disponer de un exceso de suministro de nuevas centrales de energías térmicas es la elevada demanda eléctrica de los mismos centros de datos. La expansión sin límites de la infraestructura digital, de los servicios en la nube o de las plataformas de inteligencia artificial necesita un suministro eléctrico continuado, masivo y extremadamente fiable.
La necesidad de energía de base ha llevado a los operadores norteamericanos a recurrir de forma masiva al gas natural para no sufrir apagones y asegurar la estabilidad de los nodos tecnológicos del continente.
Tal transformación estructural rompe la historia de que los países productores no permiten la edificación de nuevas plantas de combustión interna a gran escala en su propio suelo y que prefieren la exportación directa del hidrocarburo. Al acopiar gran parte de la producción para atender a los clústeres tecnológicos locales, la economía norteamericana distorsiona el comercio internacional de los combustibles.
Tal primacía de la demanda interna empuja a revisar las estrategias de suministro mundial y hace ver que la soberanía digital y el desarrollo de la alta tecnología están íntimamente relacionados con la disponibilidad de los recursos fósiles.
Incremento en el gasto de combustibles y el despegue del GNL
A un nivel macroeconómico más amplio, el informe de la AIE anticipa que el gasto mundial en combustible fósil experimentará una atractiva recuperación económica global. La inversión en este sentido llegará a unos US$1 billón. Los flujos de capital del mundo están guiados casi exclusivamente por la multiplicación de proyectos de gas natural, que también arrastran el aumento del tercer 3% de desembolsos de capital que se han dirigido hacia combustibles.
En esta recuperación del sector del gas, la inversión dedicada a superar el 10% de la capacidad de exportación de GNL en el resto del mundo es uno de los elementos más dinámicos de la industria, ya que tiene más que duplicados los registros anteriores en la última etapa del ciclo. Esta oleada de fondos se deriva como parte del avance que están llevando desde hace tiempo los proyectos que superan en más de 230 bcm (miles de millones de metros cúbicos) anuales la capacidad de las plantas ubicadas fuera del golfo Pérsico.
Reconfiguración de las inversiones y la capacidad de refinación
La geografía de la exploración y extracción de hidrocarburos (upstream) presenta también, atisbos de una reconversión geográfica considerable como medio para diversificar la exposición a los riesgos de suministro. La agencia internacional incluye dentro de su análisis la expectativa de que la inversión planetaria sobre esta actividad experimentará un leve aumento.
Las petroleras están reorientando sus capitales hacia proyectos localizados fundamentalmente en Centroamérica, Suramérica y el continente africano, tratando de encontrar yacimientos relativamente estables con una distancia de las zonas donde la fricción geopolítica es mayor.
El hecho de que las aprobaciones de plantas de gas hayan alcanzado un máximo de veinticinco años, lideradas por la potencia norteamericana, evidencia las profundas tensiones entre las metas de descarbonización teóricas y las necesidades eléctricas reales.
