Las energías renovables tienen un problema que todavía no han conseguido resolver.
Durante años, gran parte de la conversación sobre las energías renovables se ha centrado en producir más electricidad.
Paneles solares más eficientes, aerogeneradores gigantes y parques cada vez más grandes han permitido avanzar a una velocidad que hace dos décadas parecía impensable.
Pero a medida que estas tecnologías ganan terreno, ha aparecido un desafío menos visible.
El problema no es producir energía.
El problema es mantenerla estable cuando el viento baja o las nubes aparecen de repente.
Las redes eléctricas necesitan reaccionar en cuestión de segundos para evitar desequilibrios, y las soluciones tradicionales no siempre son suficientes para responder a cambios tan rápidos.
Por eso, ingenieros y empresas de distintos países llevan tiempo buscando nuevas formas de estabilizar el suministro.
Y una pequeña compañía de Finlandia cree haber encontrado una respuesta utilizando algo que, hasta hace poco, se consideraba un simple residuo.
El gran desafío de las energías renovables no es producir electricidad, sino mantenerla estable
La expansión de las energías limpias ha sido una de las grandes transformaciones tecnológicas de las últimas décadas.
Pero cuanto mayor es la presencia de la energía solar y eólica, más importante se vuelve mantener el equilibrio del sistema eléctrico.
Las redes necesitan ajustar constantemente la energía que se genera con la que consumen hogares, comercios e industrias.
Y ahí aparece uno de los mayores desafíos.
Una nube puede reducir la producción solar en cuestión de minutos y una caída repentina del viento puede alterar la generación de un parque eólico entero.
Las baterías convencionales son muy útiles para almacenar electricidad durante varias horas, pero responder a variaciones bruscas en apenas unos instantes requiere otro tipo de herramienta.
Es precisamente en esos momentos cuando empiezan a cobrar importancia los supercondensadores.
Su función no es sustituir a las baterías, sino trabajar junto a ellas y funcionar como una especie de colchón capaz de absorber esos cambios repentinos y devolver estabilidad a la red casi de inmediato.
Finlandia quiere probar supercondensadores hechos con madera reciclada y residuos agrícolas
La empresa finlandesa Granarium Technologies, nacida a partir de investigaciones desarrolladas en VTT Technical Research, está trabajando en una propuesta bastante inusual.
Sus supercondensadores utilizan una plataforma basada en nanocelulosa y estructuras de biocarbón obtenidas a partir de restos de madera, serrín y subproductos agrícolas.
Lo curioso es que materiales que normalmente terminarían convertidos en residuos podrían acabar formando parte de infraestructuras eléctricas.
Su comportamiento tampoco es el mismo que el de una batería tradicional.
Estos dispositivos son capaces de cargarse y descargarse muy rápidamente, reaccionando casi al instante cuando se producen variaciones de tensión o pequeñas interrupciones del suministro.
Por eso despiertan interés en sectores donde la estabilidad es fundamental, como las instalaciones industriales, los centros de datos y las redes con una elevada presencia de energías renovables.
Según la compañía, el uso de materias primas renovables permitiría reducir considerablemente los costes frente a otras soluciones actuales y simplificar parte de la cadena de suministro.
La tecnología todavía se encuentra en fase de comercialización, pero la idea de aprovechar residuos que ya existen para resolver uno de los mayores desafíos de la transición energética ha comenzado a llamar la atención.
Pero la gran duda ya no está en cómo funcionan, sino en si realmente podrán salir del laboratorio y utilizarse a gran escala.
Los residuos agrícolas podrían terminar desempeñando un papel inesperado en el futuro de la energía
La empresa acaba de conseguir nuevos recursos para seguir desarrollando la tecnología y avanzar hacia proyectos de mayor tamaño.
La intención es que estos supercondensadores puedan utilizarse en infraestructuras eléctricas, instalaciones industriales y sistemas que necesitan responder en fracciones de segundo para evitar fluctuaciones.
Además, el uso de biomasa y residuos forestales permitiría reducir la dependencia de materiales más escasos y aprovechar recursos disponibles en muchas regiones del mundo.
Nadie espera ver estas unidades instaladas por todas partes mañana.
Todavía faltan pruebas, nuevos desarrollos y varios años de trabajo antes de que puedan desplegarse de forma masiva.
Pero si los próximos ensayos avanzan como esperan sus desarrolladores, parte de la estabilidad de las futuras redes eléctricas podría depender de algo tan poco llamativo como restos de madera, aserrín o residuos agrícolas que durante décadas apenas tuvieron valor.
Y eso, por sí solo, ya resulta bastante sorprendente.
