La crisis energética provocada por el cierre del estrecho de Ormuz tiene un fuerte impacto incluso en las actividades más cotidianas, como la capacidad para cocinar una simple comida. Según un reciente informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), la guerra entre EE. UU. e Irán generó una creciente escasez de GLP, lo que representa una grave amenaza para los sectores más vulnerables.
Una crisis sin precedentes
El cierre del estrecho de Ormuz es una de las consecuencias más graves de la guerra entre Estados Unidos e Irán, ya que desestabilizó los mercados globales de manera inmediata. Esto se debe a la importancia de esta vía marítima, por donde transitan más de 20 millones de barriles diarios de petróleo crudo para distintas regiones del mundo. Asimismo, este corredor podría considerarse como el cuello de botella energético más crítico del planeta.
Desde su cierre, anunciado el 2 de marzo de 2026, inició una de las mayores crisis energéticas de la historia, con una escasez sin precedentes, que incluso llevó a la IEA a sacar millones de barriles de su reserva de emergencia para intentar mitigar el impacto de esta medida. A casi tres meses de la inhabilitación de este paso comercial, la comunidad internacional remarca la necesidad urgente de resolver esta situación, por lo que presiona a EE. UU. e Irán para alcanzar un acuerdo.
Pese a esto, la administración de Donald Trump muestra una postura inflexible, al igual que el régimen de Teherán, lo que aleja las posibilidades de una pronta solución. Desde EE. UU. descartan un trato que le permita a Irán continuar con su control en el estrecho, mientras que la República Islámica quiere a Estados Unidos lejos de la región para salvaguardar su seguridad y su dominancia.
Crece la preocupación por la situación energética
Sin una solución a la vista, crece la preocupación de las autoridades internacionales por las consecuencias de la crisis energética. Al inicio de la escasez del petróleo, el impacto se vio en los hogares de todo el mundo, que estuvieron obligados a racionar el combustible para sus coches y para la calefacción. Pero ahora, la crisis alcanzó a los hogares de las economías emergentes y en desarrollo, que enfrentan un desafío grave.
De acuerdo con el informe publicado por la Agencia Internacional de Energía, la guerra en Oriente Medio pone en riesgo el flujo de GLP (gas licuado de petróleo), lo que afectaría una tarea tan esencial y simple como cocinar un alimento. Este combustible es usado por aproximadamente 3400 millones de personas en países de desarrollo para cocinar, por lo que su escasez enciende las alarmas de las autoridades por el grave impacto que tendría sobre este sector social.
El organismo internacional destaca que en 2025 alrededor del 30% de las exportaciones marítimas de GLP transitaron por el estrecho de Ormuz. Es por eso que su cierre tuvo un impacto directo en el flujo de este combustible tan utilizado por los hogares vulnerables, disminuyendo los volúmenes en un 80%, según los registros de la IEA.
El impacto de la medida
Las repercusiones de la guerra entre EE. UU. e Irán alcanzan a todo el mundo y tienen un principal impacto en países en desarrollo. Es que hay muy pocas naciones que cuentan con reservas estratégicas de GLP, lo que genera esta crisis que preocupa a las autoridades internacionales. Y si bien países de África y Asia, como Ruanda y Vietnam, comenzaron a ampliar sus reservas nacionales en los últimos años, no alcanzan a cubrir el consumo nacional. Esto llevó a la IEA a intentar mitigar la crisis con la liberación de barriles de crudo de su reserva, aunque esta solución solo es temporal.
