La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) ha indicado que la transición hacia una matriz energética limpia puede constituir una oportunidad sin precedentes para modernizar los sistemas eléctricos a escala global. A pesar de ello, el organismo advierte que la tecnología en sí misma no bastará para alcanzar la escala del cambio que se requiere. La principal transformación se producirá en la medida en que la innovación técnica se entrelace estratégicamente con reformas en las políticas públicas, regulaciones del mercado, el diseño de sistemas de planificación y los modelos de negocio.
Construcción de sistemas eléctricos resilientes al cambio climático
El primer objetivo de intervención que se plantea en el informe de la agencia es la construcción de redes eléctricas con la flexibilidad suficiente para asumir altos porcentajes de energías variables, como la solar y la eólica. La creciente frecuencia de los eventos climáticos deberá determinar el cambio de las pautas tradicionales de planificación de la infraestructura. Los responsables de las políticas deberían intercalar innovaciones técnicas en almacenamiento y modernización de redes. De esta forma sería posible cumplir con un suministro continuo, fiable y a prueba de condiciones climáticas adversas.
Según IRENA, la excelencia operativa en la gestión de redes eléctricas modernas es la capacidad de anticipar los picos de la demanda y de optimizar la generación distribuida. El informe identifica 40 innovaciones clave que los gobiernos deben coordinar para trazar una solución a medida de sus respectivos recursos geográficos.
La práctica de herramientas avanzadas de operación y de modelos comerciales flexibles permitiría a los países alcanzar una doble finalidad: proteger su estabilidad económica y avanzar firmemente hacia asegurar el cumplimiento de sus compromisos en materia de descarbonización de los próximos años.
Aumento del acceso a la energía y desarrollo local participativo
El segundo de los pilares del plan de IRENA tiene como objetivo la erradicación de la pobreza energética con ayuda de propuestas descentralizadas que fomenten el uso productivo de la electricidad a nivel local. La extensión de las minirredes y de los sistemas autónomos de energía limpia es clave para lograr la universalidad de la electricidad a las comunidades aisladas de la red convencional. Este tipo de propuesta incentiva la creación de empleos calificados y la potencia de la economía local mediante la energía como catalizador de los resultados económicos sociales.
Para conseguir un impacto efectivo, los marcos normativos han de adaptarse para lograr que haya inversiones privadas y comunitarias en estos proyectos rurales de pequeña escala. La soberanía energética de las regiones vulnerables se consolida en la medida en que estas personas no son solo consumidores, sino también activos en la administración de sus propios recursos.
Superación de las barreras para la cooperación y el multilateralismo
El éxito de la transición a un modelo basado en las energías limpias depende de la eliminación sistemática de las barreras financieras, técnicas y burocráticas para la adopción de nuevas tecnologías. IRENA llama a la acción coordinada entre distintos niveles, desde las instituciones multilaterales y los foros regionales hasta los gobiernos nacionales y las administraciones locales. La transición a un modelo justo implica dar valor a la equidad y garantizar que el financiamiento internacional fluya hacia los sectores más desfavorecidos.
Para IRENA el diseño de políticas públicas alineadas con la ciencia y la tecnología es fundamental. Al poner en marcha reglas de juego claras, como las que permiten la competencia de la industria limpia, la transición que abandone las energías fósiles deberá acelerarse. La constitución de kits estratégicos por organismos globales proveerá a los tomadores de decisiones las evidencias técnicas para poder legislar correctamente, lo que permitirá que la innovación sea posible y tenga un impacto rápido sobre el territorio.
