Ecoportal
  • Mundo
  • México
  • Economía
  • Energía
  • Motor
  • Tecnología
  • Más+
    • CLIMA
    • CONSTRUCCIÓN
    • ALIMENTACION
      • Alimentos
      • Huerta
      • Recetas
    • SALUD
      • Enfermedades
      • Remedios Naturales
    • ECONCIENCIA
      • Eco Hogar
      • Vida Consciente
      • VIDEOS
  • THE PULSE
  • Contacto
  • Mundo
  • México
  • Economía
  • Energía
  • Motor
  • Tecnología
  • Más+
    • CLIMA
    • CONSTRUCCIÓN
    • ALIMENTACION
      • Alimentos
      • Huerta
      • Recetas
    • SALUD
      • Enfermedades
      • Remedios Naturales
    • ECONCIENCIA
      • Eco Hogar
      • Vida Consciente
      • VIDEOS
  • THE PULSE
  • Contacto
Sin resultados
Todos los resultados
Ecoportal
Sin resultados
Todos los resultados

Una mexicana vio su oportunidad para innovar y la tomó, ahora su tecnología podría crear miles de pequeñas centrales eléctricas

Por Skarlett Soto
6 junio, 2026
en Energía
mexicana

Fuente: Créditos Ecoportal, imagen editada por IA

Texas avanza con los permisos para la nueva central eléctrica de Energy Forge One LLC en el condado de Reeves

La IEA advierte que la demanda eléctrica de los centros de datos en EE. UU. se duplicará para 2030

Estados Unidos lidera el crecimiento mundial de nuevas plantas eléctricas de gas debido a la demanda de centros de datos

 

La próxima revolución energética podría no llegar desde una gigantesca planta solar ni desde una batería capaz de durar semanas.

Podría llegar desde algo mucho más sencillo.

Algo que millones de personas utilizan todos los años cuando llueve, cuando hace demasiado sol o cuando simplemente necesitan protegerse del clima.

Y lo más curioso es que la idea nació de una pregunta que cualquiera podría hacerse.

Si llevamos ciertos objetos con nosotros todos los días, ¿por qué no aprovecharlos para generar electricidad?

Esa fue precisamente la inquietud que llevó a una diseñadora mexicana a desarrollar un proyecto que hoy está llamando la atención mucho más allá del mundo del diseño.

Porque detrás de un objeto aparentemente común se esconde una idea que podría cambiar la forma en que entendemos la energía portátil.

La pregunta es sencilla.

¿Y si los objetos cotidianos dejaran de consumir energía para empezar a producirla?

¿Cómo nació la idea de convertir un paraguas en una fuente de energía?

Victoria García Moreno no estaba intentando construir una central eléctrica.

Tampoco buscaba competir con las grandes empresas tecnológicas. Su punto de partida fue mucho más cotidiano.

Como millones de personas, dependía constantemente de su teléfono móvil.

Lo usamos para trabajar. Para comunicarnos. Para orientarnos. Para hacer pagos.

Para prácticamente todo.

Y aun así seguimos enfrentándonos al mismo problema de siempre: la batería nunca parece durar lo suficiente.

Seguro que te ha pasado.

Sales de casa con el teléfono cargado y, después de varias horas, empiezas a buscar desesperadamente un enchufe o una batería portátil.

Fue observando esa situación cuando comenzó a preguntarse si realmente necesitábamos cargar con más dispositivos o si la solución podía estar en algo que ya utilizamos todos los días.

Algo tan común que normalmente pasa desapercibido.

Y ahí apareció una idea que parece obvia una vez que alguien la menciona.

Aprovechar un objeto que ya acompaña a millones de personas en calles, parques, estaciones de transporte y ciudades de todo el mundo.

Un objeto diseñado para protegernos de la lluvia y del sol.

El paraguas que también genera electricidad

La propuesta ganadora del James Dyson Award consiste en integrar paneles solares flexibles e impermeables sobre la superficie de un paraguas convencional.

Mientras la persona camina, los paneles captan energía solar y la envían a una batería integrada en el mango.

Después, esa energía puede utilizarse para cargar teléfonos móviles u otros dispositivos electrónicos mediante una conexión USB.

Lo interesante es que el paraguas no deja de ser un paraguas.

Sigue protegiendo de la lluvia.

Sigue proporcionando sombra cuando el sol aprieta.

Pero al mismo tiempo realiza una función adicional que hasta hace poco parecía reservada para dispositivos mucho más complejos.

Generar electricidad.

Y eso es precisamente lo que ha despertado tanto interés. Porque la idea no obliga a modificar hábitos.

No requiere llevar equipos adicionales.

Simplemente aprovecha algo que muchas personas ya llevan consigo.

Sin embargo, cuanto más atractiva parece la idea, más inevitable se vuelve una pregunta.

¿Realmente podría funcionar fuera de un prototipo?

Porque una buena idea no siempre termina convirtiéndose en un producto real.

El verdadero desafío: pasar de una idea brillante a un producto que pueda comprarse

Aquí es donde comienza la parte más difícil de la historia.

Desde el punto de vista tecnológico, el proyecto parece perfectamente posible.

Los paneles solares flexibles ya existen. Las baterías compactas también.

Y los componentes electrónicos son cada vez más pequeños y eficientes.

El problema aparece cuando la idea sale del laboratorio y entra en el mundo real.

Porque fabricar unos pocos prototipos es relativamente sencillo. Fabricar miles o millones es otra historia.

El primer obstáculo es el precio.

Los materiales flexibles y resistentes al agua siguen siendo más costosos que los utilizados en muchos productos convencionales.

Después aparece el peso.

Un paraguas suele ser ligero, cómodo y fácil de transportar. Pero cuando se añaden paneles, batería, cableado y componentes electrónicos, cada gramo cuenta.

Y luego llega el desafío más complicado de todos: la durabilidad.

Un paraguas puede abrirse y cerrarse miles de veces durante su vida útil.

Puede caer al suelo. Puede doblarse con el viento. Puede permanecer bajo lluvia intensa durante horas.

Y todos esos componentes electrónicos tendrían que seguir funcionando después de años de uso cotidiano.

Por eso algunos expertos consideran que el verdadero reto no es generar electricidad.

Es conseguir que el producto sea resistente, cómodo y lo suficientemente económico para que la gente quiera comprarlo.

Porque nadie pagará una fortuna por un paraguas, por muy innovador que sea.

Sin embargo, incluso si esta propuesta nunca llega a las tiendas exactamente como fue concebida, ya ha conseguido algo importante.

Ha demostrado que seguimos mirando muchos objetos cotidianos de la misma forma que hace décadas.

Y quizá algunos de ellos todavía esconden funciones que nadie ha imaginado.

Al final, la parte más interesante de esta historia no es que un paraguas pueda cargar un teléfono.

Es la posibilidad de que millones de objetos que hoy parecen completamente normales terminen convirtiéndose en pequeñas fuentes de energía repartidas por nuestras ciudades.

Y si eso ocurre algún día, quizá recordemos que todo comenzó con una pregunta tan simple como inesperada ¿Qué pasaría si un paraguas pudiera hacer mucho más que protegernos de la lluvia?

 
  • Contacto
  • Quiénes somos
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Publicidad

© 2026 Ecoportal - Todos los derechos reservados / Stock Photos - Depositphotos.com

Sin resultados
Todos los resultados
  • Mundo
  • México
  • Economía
  • Energía
  • Motor
  • Tecnología
  • Más+
    • CLIMA
    • CONSTRUCCIÓN
    • ALIMENTACION
      • Alimentos
      • Huerta
      • Recetas
    • SALUD
      • Enfermedades
      • Remedios Naturales
    • ECONCIENCIA
      • Eco Hogar
      • Vida Consciente
      • VIDEOS
  • THE PULSE
  • Contacto

© 2026 Ecoportal - Todos los derechos reservados / Stock Photos - Depositphotos.com