Pronto podríamos encontrarnos esferas gigantes en los océanos y no sorprendernos.
El desafío de sostener la Inteligencia Artificial nos lleva a desandar caminos nunca antes explorados y pueden sonar extraños.
Su avance está siendo tan rápido que las ciudades comienzan a quedarse pequeñas para alimentarla. Y detrás de esa revolución existe un problema gigantesco que pocas personas ven.
Y ahora algunos millonarios tecnológicos creen haber encontrado una solución completamente inesperada: llevar la inteligencia artificial al océano.
La gran pregunta es inevitable: ¿qué son realmente estas enormes esferas flotantes y por qué quieren conectarlas a los satélites Starlink?
Cuál es el mayor desafío de la Inteligencia Artificial
No podemos negar que la inteligencia artificial está avanzando a pasos agigantados.
Cada vez son más las personas que utilizan ChatGPT, Gemini y similares en su día a día, pero en realidad, la mayoría no sabe que el precio a pagar es muy alto.
Para que estos programas funcionen se necesita mucha electricidad. Estos sistemas no se detienen. Trabajan día y noche.
Pero la electricidad es solo uno de los problemas, pues todas esas computadoras juntas generan mucho calor, como si tuvieras muchas estufas encendidas en una habitación pequeña.
Para que los chips no se calienten demasiado y se dañen, las empresas tienen que gastar sumas enormes en sistemas de refrigeración y utilizar grandes cantidades de agua para enfriar las máquinas.
Estamos gastando los recursos de nuestro planeta.
En paralelo, las ciudades han comenzado a limitar la instalación de estas grandes estructuras. La contaminación sonora, visual y el gasto energético son algunas de las características que generan mayor rechazo.
Por eso, algunos investigadores comenzaron a mirar hacia el océano como una posible alternativa.
Porque el mar ofrece algo que las ciudades no pueden garantizar fácilmente: muchísimo espacio, temperaturas frías y energía constante.
El millonario proyecto que quiere llevar esferas gigantes al mar
Aquí es donde resuena el nombre de Peter Thiel. El multimillonario que ayudó a crear PayPal ha ofrecido 140 millones de dólares para hacer realidad esta idea.
Durante años, muchas iniciativas de energía marina fracasaron porque transportar electricidad desde alta mar hacia las ciudades requería cables submarinos extremadamente caros y difíciles de mantener.
La sal, las tormentas y la corrosión convertían todo en una operación muy costosa
Pero Thiel y el equipo de la startup Panthalassa han encontrado una solución innovadora, pero el camino no es sencillo.
En lugar de enviar la energía hacia tierra firme, la idea es usarla directamente en el mar para alimentar servidores de inteligencia artificial instalados dentro de enormes estructuras flotantes.
Y eso elimina gran parte del problema de transmisión eléctrica.
Qué son las esferas gigantes y cómo funcionarán junto a Starlink
La pieza central del proyecto son unas enormes estructuras flotantes llamadas Ocean-3.
A simple vista parecen grandes esferas metálicas flotando sobre el océano. Pero dentro esconden un sistema energético mucho más complejo.
El funcionamiento se basa en el movimiento constante de las olas: cuando las olas empujan la esfera, el agua se mueve a través de un tubo interno que hace girar turbinas capaces de generar electricidad de manera continua.
Y esa energía no viajaría a las ciudades mediante cables submarinos.
Se queda en la esfera para alimentar computadoras de IA que están ahí mismo, en medio del océano.
Ahí aparece otra ventaja clave.
El agua fría del océano funciona como un sistema natural de refrigeración para evitar que las computadoras se sobrecalienten, reduciendo así parte del enorme gasto energético que hoy requieren los centros de datos tradicionales.
Pero entonces surge otra pregunta inevitable: si las computadoras están en medio del océano, ¿cómo llegan las respuestas hasta nosotros?
La solución propuesta por Panthalassa sería utilizar la red de satélites Starlink.
En lugar de usar cables imposibles, los datos viajan por el espacio y llegan a nosotros en milisegundos. Es un sistema totalmente autónomo, que transforma un problema de transmisión de energía en un simple intercambio de datos inalámbricos.
Sin duda este avance cambiará lo que pensábamos sobre la energía y la inteligencia artificial, demostrando que puede funcionar de una manera más rápida, barata y amigable con nuestro planeta.
