La competición por la galaxia y por el establecimiento de bases permanentes, ya sea en la Luna o en Marte, ha llegado a una etapa en la que la propulsión química ya no basta. Por lo tanto, en este contexto, la Casa Blanca ha aumentado su impulso por desplegar sistemas nucleares más elaborados fuera del entorno del planeta, un esfuerzo que cuenta con el respaldo de diversas compañías. Jacob DeWitte, CEO de Oklo, afirma que el obstáculo no es la viabilidad técnica de la electricidad nuclear para el espacio, sino la rapidez con la cual los Estados Unidos pueden construir la infraestructura.
De la teoría a la órbita: El cuello de botella de la infraestructura
Recientemente, el CEO de Oklo ha dejado en claro que la tecnología para utilizar reactores nucleares en el espacio ya es una realidad científica, pero el verdadero desafío radica en la escala y la velocidad industrial. «El reto no es si es posible. Es si podemos construir la infraestructura lo suficientemente rápido», afirmó DeWitte. La visión de Oklo pasa por romper los paradigmas en cuanto a la tradicional construcción lenta que ha acompañado históricamente la industria de potencia nuclear, abogando por las soluciones modulares y compactas que puedan adaptarse rápidamente a las misiones de vuelo espacial.
La energía nuclear, en el espacio, es fundamental a la hora de que se desarrollen misiones espaciales de larga duración donde la energía solar es ineficaz o no existe, como por ejemplo en los cráteres lunares en continua sombra o en los largos vuelos a Marte. La densidad energética de estos sistemas es miles de veces superior a cualquier alternativa de soluciones químicas o solares, permitiendo no solo propulsar una nave a velocidades mucho mayores, sino mantener sistemas de soporte de vida o laboratorios científicos en condiciones hostiles.
Microreactores modulares: La solución de Oklo para el espacio
Oklo está a la cabeza de la construcción del micro-reactor para trabajar con combustible de bajo enriquecimiento de uranio (HALEU), un material que permite que las plantas de energía sean significativamente más pequeñas y ligeras. Al ser unos sistemas ideales para enviarse al espacio, su diseño compacto reduce los costos de la carga útil y optimiza la duración en condiciones de superficies extremadamente radiadas. DeWitte enfatiza que su empresa está construyendo estos sistemas como una forma de «entregar a la velocidad que este momento demanda».
La estrategia de Oklo es asociarse muy estrechamente con el Departamento de Energía y la NASA para acelerar la prueba y la certificación regulatoria, para construir una cadena de suministro que pueda producir reactores en serie mediante los cuales las agencias gubernamentales y las empresas privadas pueden comprar energía nuclear como un servicio «llave en mano».
Con un adelanto proyectado superior a millones en investigación y desarrollo, la meta es que los primeros sistemas sean operativos antes de agotar esta década, con el propósito de que los Estados Unidos no solo lleguen primero a los destinos estratégicos del sistema solar, sino que, por añadidura, tengan la potencia para permanecer en ellos.
Geopolítica espacial y soberanía energética
El uso de la energía nuclear desde el espacio tiene, ante todo, un carácter geopolítico. Está en juego la capacidad de los Estados Unidos para generar energía de manera autónoma, controlando el espacio sobre la Luna o sobre la órbita terrestre, en un contexto en el que otras potencias ya están acelerando sus programas espaciales. El sistema de seguridad tecnológica de la Pax Silica depende de sistemas de satélites y de estaciones espaciales que necesitan energía para sus sistemas de vigilancia, inteligencia artificial y comunicaciones seguras. La presión de la Casa Blanca por poder desplegar esos sistemas busca evitar que la nación tenga que depender de infraestructuras en riesgo.
