La energía solar flotante se ha extendido en distintas partes del mundo porque permite generar electricidad sin ocupar terrenos agrícolas y ayuda a reducir la evaporación del agua.
Sin embargo, siempre existió una limitación evidente en los países con inviernos largos.
El hielo.
En lugares como Canadá, muchos estanques y pequeños embalses pasan varios meses congelados. Eso planteaba dudas sobre la resistencia de las estructuras y sobre si realmente tenía sentido apostar por este tipo de instalaciones en regiones frías.
Por esa razón, gran parte de los proyectos se desarrollaron en zonas con temperaturas más suaves.
Un grupo de investigadores decidió poner a prueba esa idea.
El invierno seguía siendo una asignatura pendiente
La energía solar flotante ofrece ventajas interesantes. Aprovecha superficies que normalmente no se utilizan y evita ocupar espacio destinado a otras actividades.
Sin embargo, el frío planteaba un desafío difícil de ignorar.
Cuando una masa de agua se congela, el hielo ejerce presión sobre todo lo que encuentra a su alrededor. Soportes, anclajes y conexiones pueden verse afectados durante semanas.
Eso hizo que muchos proyectos se concentraran en países con climas más templados.
La duda era si estas instalaciones podrían atravesar un invierno completo sin sufrir daños importantes y continuar produciendo electricidad.
Las burbujas terminaron siendo parte de la solución
La prueba se realizó en Ontario.
El portal Appropedia documenta el experimento en el cual los investigadores utilizaron paneles solares flexibles colocados sobre una base de espuma impermeable y ligera.
La parte más llamativa del sistema estaba bajo el agua.
Allí instalaron tubos que liberaban burbujas de manera continua.
Ese movimiento hacía ascender agua ligeramente más templada desde el fondo del estanque y ayudaba a mantener libre de hielo el entorno inmediato de la plataforma.
El consumo de energía era reducido.
Y durante el invierno, los paneles continuaron funcionando.
El resultado abre posibilidades para regiones donde esta tecnología parecía tener menos futuro
La importancia del experimento no está en haber producido más electricidad que otras instalaciones.
Lo relevante es que demuestra que la energía solar flotante también puede funcionar en lugares donde el hielo parecía un obstáculo difícil de superar.
Eso podría facilitar futuros proyectos en estanques agrícolas, embalses, depósitos industriales y otras superficies de agua situadas en regiones frías.
Además, estas instalaciones permiten seguir utilizando el suelo para otros fines y ayudan a reducir la evaporación del agua.
Todavía serán necesarias más pruebas.
Sin embargo, el experimento canadiense deja una imagen poco habitual.
Mientras gran parte del estanque permanecía congelado, los paneles seguían produciendo electricidad.
Y esa posibilidad, que hace unos años parecía poco realista, empieza ahora a verse de otra manera.
