Dicen que instalar grandes parques solares puede cambiar por completo el espacio que utilizan los animales.
Pero saber qué ocurre realmente con ellos una vez que los paneles ocupan el terreno no es tan sencillo.
Por eso, un grupo de científicos decidió instalar cámaras en cinco parques solares de Estados Unidos y dejar que la tecnología observara durante años lo que sucedía allí.
Reunieron más de 19 000 horas de grabaciones durante el día.
¿Qué encontraron cuando empezaron a revisar las imágenes?
Cómo descubrió la inteligencia artificial la vida secreta dentro de los parques solares
Vigilar todo lo que ocurre en terrenos enormes durante años sería una tarea prácticamente imposible para un grupo de personas.
Sin embargo, con ayuda de la tecnología esto cambia.
Para conseguirlo, investigadores del Laboratorio Nacional Argonne utilizaron cámaras en cinco parques solares ubicados en Arizona, Illinois y Massachusetts.
Entre 2019 y 2024 reunieron más de 19 000 horas de grabaciones diurnas.
Pero para este estudio procesaron específicamente 4373 horas.
Como revisar todo ese material manualmente habría requerido muchísimo tiempo, los científicos utilizaron un sistema de inteligencia artificial especializado en detectar y seguir objetos en movimiento.
La tecnología identificaba los movimientos y generaba pequeños fragmentos de video
Después llegaba la parte humana: los investigadores revisaban esos registros para determinar qué había aparecido frente a las cámaras.
El resultado fue enorme.
Registraron 68 646 observaciones de aves, 25 968 de insectos y otras 169 correspondientes a animales como zorros, coyotes y marmotas.
Pero saber cuántos aparecían era solo una parte de la historia.
Las cámaras también permitían ver qué hacían cuando estaban allí.
Qué hacían los animales cuando entraban entre los paneles
Las aves hicieron mucho más que simplemente atravesar el cielo por encima de las instalaciones.
Aproximadamente el 54 % de sus registros correspondía a aves que volaban suficientemente alto como para no interactuar directamente con las estructuras.
Pero alrededor del 33 % mostraba algo diferente.
Había aves volando sobre los paneles, entre las filas e incluso debajo de las estructuras.
También aparecían posándose sobre paneles y soportes, aterrizando en el suelo y buscando alimento entre la vegetación.
Algunas transportaban material para construir nidos y mostraban comportamientos relacionados con la nidificación.
Las cámaras incluso registraron pinzones apareándose sobre los paneles.
Y las aves no fueron las únicas.
Entre los casi 26 000 registros de insectos aparecieron mariposas, libélulas, abejorros y avispas
Los mamíferos fueron mucho menos frecuentes, con solo 169 registros, pero dejaron algunas de las imágenes más curiosas.
En el desierto aparecieron coyotes y liebres de cola negra. En el noreste, zorros rojos jóvenes y marmotas.
La mayoría simplemente caminaba o corría por las instalaciones.
En algunas escenas poco frecuentes, las cámaras incluso captaron coyotes transportando presas y una marmota llevando ramas o material vegetal.
Los animales, por lo tanto, no se limitaban a aparecer frente a las cámaras.
Algunos utilizaban diferentes partes de las instalaciones mientras realizaban actividades habituales.
Pero después de revisar miles de horas de imágenes apareció otro resultado especialmente llamativo.
En miles de horas no pudieron confirmar una sola colisión
En las 4373 horas de video procesadas, los investigadores no pudieron confirmar una sola colisión de aves contra la infraestructura solar.
Eso no significa que las colisiones no ocurran.
De hecho, hubo algunos momentos que parecían accidentes.
Un pinzón perdió el paso mientras caminaba sobre una estructura, un pájaro carpintero tuvo dificultades al aterrizar, un petirrojo resbaló sobre un panel y un estornino golpeó un borde cuando intentaba posarse.
Pero ninguno de esos episodios produjo una lesión o una muerte observable.
El resultado es interesante porque existe desde hace años la llamada hipótesis del «efecto lago»
La idea es que algunas superficies fotovoltaicas podrían reflejar la luz de una manera que determinadas aves interpreten como agua y eso podría llevarlas a acercarse a las instalaciones.
Este estudio no demuestra que esa hipótesis sea falsa.
Solo muestra que no se confirmaron colisiones en las grabaciones diurnas que fueron procesadas.
Por eso, el resultado tampoco demuestra que los parques solares sean inocuos para la fauna.
Lo que sí muestran las cámaras es algo más concreto: aves, insectos y algunos mamíferos pueden utilizar diferentes partes de estas instalaciones para desplazarse, alimentarse, descansar o realizar otros comportamientos.
Y las enormes diferencias encontradas entre los cinco parques también dejan claro que no todos funcionan de la misma manera.
El lugar donde se construyen, el paisaje que los rodea, la vegetación y la forma en que se gestionan pueden cambiar mucho lo que ocurre entre los paneles.
Puedes revisar el estudio completo en: Hamada, Y., Szymanski, A. Z., Tarpey, P. F., & Walston, L. J. (2026). Artificial intelligence-assisted daytime video monitoring for bird, insect, and other wildlife interactions with photovoltaic solar energy facilities. Diversity, 18(2), 95. https://doi.org/10.3390/d18020095
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