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Tecnología

Uno de los mayores complejos solares del mundo cambió el suelo de un desierto de gran altitud, los paneles aumentaron la humedad y la biomasa, pero empezó a crecer tanta hierba que tuvieron que contratar a miles de ovejas para resolver el problema

Por Skarlett Soto · 30 agosto, 2026 · 7:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Uno de los mayores complejos solares del mundo cambió el suelo de un desierto de gran altitud, los paneles aumentaron la humedad y la biomasa, pero empezó a crecer tanta hierba que tuvieron que contratar a miles de ovejas para resolver el problema
Imagen generada con inteligencia artificial
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Un parque solar no solo llegó para producir energía, también terminó cambiando el paisaje a su alrededor.

Cuando instalaron un enorme complejo solar a gran altitud en China, nadie esperaba que los paneles terminaran alterando el terreno de forma tan notoria.

El paisaje cambió de tal manera que ni los propios ingenieros se habían preparado para ese panorama.

¿Qué provocó una transformación capaz de sorprender a quienes diseñaron el proyecto?

Por qué se decidió instalar tantos paneles solares en un desierto

La llanura de Talatán se encuentra en la meseta tibetana, donde la radiación solar es abundante.

Aunque este tipo de lugar tiene muchas ventajas para la producción de energía solar, presenta un inconveniente crucial: unos vientos secos e intensos que azotan la zona durante gran parte del año.

Debido al viento y a la arena, durante años se sufrieron constantemente episodios de tormentas y sequías. A finales del siglo pasado, la tasa de desertificación de la zona había llegado al 98,5 %.

A pesar de esas condiciones extremas, una empresa energética decidió instalar ahí uno de los complejos fotovoltaicos más grandes del mundo.

Millones de paneles terminaron distribuidos en cientos de kilómetros cuadrados de terreno árido.

El objetivo no era otro que aprovechar el sol constante para generar energía limpia de forma continua y a gran escala.

Lo que nadie esperaba era lo que ocurriría alrededor de los propios paneles solares.

De un paisaje árido a una llanura verde

Se creía que construir parques solares en desiertos era una gran idea, pero a lo largo de varios años empezaron a notarse cambios alrededor de los paneles.

La sombra ayudaba a reducir la evaporación, las estructuras frenaban parte del viento y el agua utilizada para limpiar los módulos también terminaba llegando al suelo.

Además, se habían sembrado semillas de pasto para combatir la erosión.

La tierra, que antes permanecía seca durante gran parte del año, empezó a retener más humedad.

Las mediciones mostraron más cambios.

La velocidad del viento dentro del parque cayó un 50 %.

La evaporación del agua del suelo también se redujo un 30 %.

Además, la cobertura vegetal llegó a alcanzar el 80 % dentro del parque fotovoltaico.

El resultado fue una transformación visible de un terreno que antes sufría una desertificación extrema.

Pero tanta vegetación terminó creando un nuevo problema.

El nuevo problema que sufrían los paneles solares

Como no estaba previsto tener que controlar tanta vegetación, el pasto creció hasta convertirse en un inconveniente.

En algunas zonas podía alcanzar una altura suficiente para dar sombra a los paneles y reducir su capacidad de generar energía. Durante la temporada seca, además, la vegetación podía aumentar el riesgo de incendios.

Cortar manualmente miles de hectáreas de pasto no era una opción viable ni económica para la empresa que operaba el parque.

Se necesitaba una solución que funcionara todos los días sin depender constantemente de maquinaria.

La encontraron con ayuda de los ganaderos de la zona: miles de ovejas comenzaron a pastar entre los paneles solares.

El resultado es que las ovejas mantienen la hierba bajo control y, al mismo tiempo, aportan nutrientes al suelo mediante sus excrementos.

Los animales también llevan etiquetas electrónicas que permiten identificar y controlar los rebaños.

El modelo tuvo tanto éxito que comenzó a hablarse de las «ovejas fotovoltaicas»

Convirtieron el pastoreo entre paneles en una nueva oportunidad para algunos ganaderos de la zona.

Así, en un mismo terreno se combina la producción de electricidad con la ganadería ovina, mientras se recupera parte de la vegetación de una zona que sufrió durante años una fuerte desertificación.

Lo que comenzó como un enorme proyecto para aprovechar el sol terminó teniendo un efecto que nadie había previsto.

Ahora, entre las filas de paneles crece pasto, las ovejas encuentran alimento y los ganaderos locales tienen un nuevo espacio donde trabajar.

Talatán muestra que una misma extensión de tierra puede producir electricidad y, al mismo tiempo, seguir teniendo otros usos.

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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