La expansión de la infraestructura de energía limpia en las áreas rurales del estado de Utah muestra que las plantas fotovoltaicas tienen un valor socioeconómico que va más allá de la simple producción de electricidad en la red. Proyectos realizados en condados, tales como Millard y Juab, muestran que el uso de la radiación solar se puede entender como un motor de ingresos añadidos y un motor de diversificación para los productores de cultivo locales. En medio de un contexto económico difícil, donde aumentan los precios de las actividades específicas de la agricultura, estas plantas se constituyen en una garantía de ingresos para el territorio.
Métodos científicos en el incremento de la base tributaria local
La reconversión parcial de los campos de cultivos en complejos de generación limpia tiene un efecto inmediato y medible sobre las finanzas de las administraciones municipales. Los estudios económicos y científicos de recaudación fiscal demuestran que los parques fotovoltaicos aumentan notablemente la base del impuesto sobre la propiedad en las comunidades rurales, impuestos que son asumidos en la totalidad de sus importes por las empresas propietarias o desarrolladoras de la infraestructura.
Esta inyección de capital público da a los condados una flexibilidad fiscal hasta ahora no conocida para actualizar los servicios fundamentales sin el coste de las comunidades más antiguas.
Un ejemplo de esta conexión técnica y financiera es el proyecto Clover Creek ubicado al oeste de la localidad de Mona. Esta planta, con más de 200 000 paneles que generan hasta 80 megavatios de electricidad limpia, ha proporcionado hasta la fecha más de US$1,03 millones en ingresos fiscales por impuestos sobre la propiedad, además de que las proyecciones matemáticas avalan que en los 20 años de vida útil del complejo se generarán cerca de US$5,7 millones.
Financiamiento educativo y equipamiento tecnológico escolar
Para el Distrito Escolar de Juab en Utah, se estima que la mitad de lo recaudado por el impuesto a la propiedad del proyecto Clover Creek, se destina a la educación. A pesar del escepticismo inicial de las autoridades escolares ante los acuerdos de reinversión comunitaria propuestos por la desarrolladora AES, los recursos han permitido acelerar metas de infraestructura pedagógica que habitualmente requieren años de planificación y espera.
Gracias a la flexibilidad de estos ingresos, el distrito ha podido sostener por adelantado uno o varios programas para configuraciones de equipos técnicos, que son:
Equipos de computación: se refiere a la compra de computadoras para los estudiantes y la puesta al día de los laboratorios digitales.
Tecnologías avanzadas: se refiere a la compra de impresoras 3D y equipos de robótica.
Talleres de nuevas tecnologías: la apertura de un club de videojuegos (gaming club), para la adquisición de habilidades lógico-matemáticas.
Deportes e inclusión: financiar y lanzar una nueva e integradora escuela de natación.
Tensiones legislativas, soberanía del suelo y mercado laboral en Utah
A pesar de las ventajas económicas expuestas en el presupuesto escolar y en la esfera del trabajo, el avance de estas grandes extensiones de paneles oscuros estaba provocando algunas discusiones sobre la ejecución del paisaje y la conservación de las tierras agrícolas fértiles.
Algunas de esas discusiones condujeron a una reciente ley estatal que se aprobó en la legislatura de Utah, gracias a Colin Jack, el representante que se encargó de proponer aquellos elementos para restringir el acceso a créditos fiscales para los proyectos solares en suelos de alta productividad agraria.
Este tipo de reglamentación pretende desincentivar el desarrollo de energía fotovoltaica en estas áreas de cultivo intensivo para que la tierra continúe siendo utilizada del modo tradicional, algo que se ha reflejado con críticas por parte de los propietarios de esos terrenos. Los partidarios del sector argumentan que la decisión de «cosechar sol» por encima de la decisión de cultivar alfalfa es un derecho intrínseco a la soberanía del propietario.
