El presidente de McDonald’s que se volvió un ermitaño vegetariano y te lo cuenta

Pedro Medina pasó del estrés que significa dirigir 33 restaurantes de McDonald’s, pertenecer a tres juntas directivas, vivir buena parte del tiempo montado en un avión y responder por informes financieros y abultadas cifras, a despertarse con el trinar de los pájaros y el sonido del agua que baja con fuerza de la montaña, en una sencilla casa construida casi toda en barro, piedra y guadua, en la que vive desde hace un año y medio.

El círculo vicioso de McDonald’s

Todos los días se repite la misma vergonzosa historia de consumismo, ignorancia y transculturación. Miles de hambrientos esclavos acudiendo a los restaurantes de comida rápida de McDonald’s, buscando ensuciar la salud del organismo mediante la compra y el consumo de hamburguesas, que aunque enferman a las personas con sus nocivos ingredientes químicos, son disfrazadas como irresistibles alimentos para el bienestar de toda la familia.

McDonald’s: de la comida basura al trabajo porquería

En McDonald’s, la calidad de su comida es tan baja como los salarios que paga. Alimentos low cost para consumidores con ingresos bajo mínimos. La misma mano de obra que explota, a quien paga un salario de miseria, es la misma que, con tan pocos ingresos, solo le quedan los McMenús de 4,90€. Una legión de trabajadores pobres, que salen muy baratos, pero con retribución suficiente para pagarse un Big Mac o una Cheeseburguer. Negocio redondo.

McDonalds, Coca-cola y la obesidad infantil

Los alimentos frescos y cocinados en casa se sustituyen, cada vez más, por alimentos industriales, precocinados, con conservantes y aditivos. Saltarse el desayuno, no tomar frutas y verduras a diario, beber refrescos en lugar de agua y comer chucherías y comida basura, perjudica la salud y aumenta la obesidad.