Seguir a la naturaleza, no dominarla

Ya hemos alcanzado los siete mil trescientos cincuenta millones de seres humanos en un planeta de recursos limitados y en el que mayor depredador sigue siendo el hombre. Hace un siglo, en 1914 no sobrepasábamos los mil trescientos millones. Si esto no nos conmueve y nos hace poner todos los medios por remediar el caos será porque nos merecemos este fin de race, pero sin necesidad de glaciaciones ni meteoritos.

Un vistazo al inframundo

En el mundo subterráneo, las “alianzas” entre distintos organismos alcanzan formas insospechadas para quienes habitamos sobre la superficie. Por ejemplo, nueve de cada diez plantas que crecen en la tierra pueden tener sus raíces cubiertas por hongos, en una relación de beneficio mutuo. Millones y millones de kilómetros de raíces son tapizadas por un fino manto fúngico: el abrazo entre dos reinos, hongos y plantas, protagonistas de una “historia de amor” de más de 400 millones de años. A esta simbiosis se le conoce como micorriza (mico=hongo y rriza=raíz).

Para ganar pelea al cambio climático debemos tener raíces

La periodista y escritora canadiense Naomi Klein afirmó que para ganar la pelea al cambio climático, determinante para nuestras vidas, “todos necesitamos un lugar en el cual estar parados” o tener raíces. A tal conclusión llegó luego de escuchar al gran granjero-poeta Wendell Berry quién ofreció una charla sobre el deber de amar nuestra tierra más que ninguna otra.