La internet secreta de las plantas

¿Sabías que existe una internet secreta de las plantas y que con ella se comunican entre sí a través de redes subterráneas de hongos?

Hasta hace poco, cuando dos personas vivían lejos y querían comunicarse, escribían una carta y tenían que esperar a que el correo la entregara. Con la llegada del teléfono, las conversaciones a larga distancia se hicieron más fáciles, pero el intercambio de fotografías, artículos y libros aún requería apoyo físico y servicios de mensajes de texto.

Internet, la red de redes, ha cambiado las reglas del juego desde finales del siglo XX. Ahora puedes enviar, recibir y descargar imágenes, archivos de audio, vídeos y bibliotecas de texto completas desde la web.

Desde su invención, Internet ha sufrido cambios importantes. Hoy en día, es una enorme red que, además de conectar a las personas de una forma sin precedentes, también proporciona motores de búsqueda, una sorprendente inteligencia artificial, y coordina y controla muchos recursos físicos, sistemas de geolocalización o los dispositivos domésticos: la llamada Internet de las Cosas. Sin duda, este es uno de los mayores logros de los últimos tiempos en el campo de la tecnología, un sistema puramente humano.

Sin embargo, existen organismos que cuentan con un sistema de comunicación único basado en la conexión de nodos y la creación de redes que transmiten información. Un sistema similar a nuestra Internet.

La internet secreta de la naturaleza: Simbiosis micorrícica

Las micorrizas son uno de los ejemplos más comunes y antiguos de simbiosis. El biólogo alemán Albert Bernhard Frank acuñó el término "simbiosis" cuando descubrió el fenómeno de las micorrizas.

En estos hongos, sus hifas establecen conexiones estrechas con las raíces de las plantas, tan estrechas que a veces los hongos penetran en el interior de las células de las plantas. Inicialmente se consideró un hecho menor o excepcional, pero desde mediados del siglo XX se considera un fenómeno común y muy importante.

Los hongos aportan a las plantas sales minerales y agua del exterior, hasta donde llegan sus raíces, así como sustancias que reciben del medio a través de la red miceliar y que introducen directamente en las raíces. Por su parte, la planta nutre al hongo aportándole azúcar y vitaminas. Además, ambos organismos se benefician de la protección mutua contra el estrés ambiental. En algunas especies, la relación es tan estrecha que se desarrolla la interdependencia.

Una internet secreta entre raíces y hongos

Avatar de James Cameron comienza con una interesante premisa argumental revelada por la Dra. Grace Augustine, interpretada brillantemente por la gran Sigourney Weaver: las plantas de Pandora transmiten impulsos eléctricos entre sí, como las neuronas del cerebro. No es así como funcionan las plantas en el mundo real, sin embargo, la idea de conectividad y redes de información no es tan descabellada como podría pensarse.

Si dos computadoras pueden conectarse entre sí mediante cables de fibra óptica y transmitir datos entre ellas, dos plantas también pueden hacerlo. Y en esta comparación, la fibra sería la micorriza.

Las micorrizas surgen de las raíces de diferentes plantas que pueden entrar en contacto entre sí y así conectar una planta con otra. Se han observado redes de micorrizas entre plantas en la mayoría de los ecosistemas terrestres, y así como Internet permite la transferencia de datos de una computadora a otra, las redes de micorrizas permiten el intercambio de sustancias. Y si hay algo en lo que las plantas son buenas es en la capacidad de producir sustancias.

De esta manera, la red simbiótica de hongos se convierte en la internet secreta de las plantas, un sistema adaptativo complejo que permite que comunidades vegetales enteras interactúen a diferentes escalas, lo que lleva a la autoorganización y al surgimiento de nuevas propiedades en el ecosistema.

Notificación de amenazas por correo electrónico

La transmisión de señales a través de redes simbióticas de hongos en el suelo se convierte en un sistema de comunicación activo entre plantas. Algunas de estas señales son de advertencia. En 2014, un equipo de investigación dirigido por Yuanyuan Song de la Academia China de Ciencias en Beijing describió las señales de defensa emitidas por los hongos micorrícicos del tomate como resultado de la invasión de orugas en una de las plantas del cultivo. La señal provocó un aumento en la resistencia a insectos mediante la activación de enzimas defensivas en las plantas conectadas por micorrizas.

Este sistema de comunicación no es excluyente sino que complementa otros medios como la comunicación aérea que utiliza sustancias volátiles. Cada uno tiene ventajas y desventajas. La comunicación aérea es más rápida y proporciona retroalimentación más inmediata, aunque se vuelve menos efectiva con viento o lluvia. A su vez, la comunicación a través de la internet secreta subterránea de micorrizas es más lenta y su respuesta también, pero es una señal más duradera, estable e independiente de las condiciones ambientales.

Red social colaborativa de los vegetales

Se cree comúnmente que la naturaleza opera sólo a través de la competencia, que los seres vivos luchan constantemente por ser los mejores y que cuanto peor están algunos, mejor es para el resto. La llamada "Ley de la selva". Sin embargo, en el mundo vegetal, este diagrama es demasiado simplificado y presenta muchos errores.

Las plantas en un ecosistema compartido no se rigen por la competencia sino por la cooperación. Esta es una característica de su naturaleza biológica, creada por fuerzas evolutivas: una comunidad vegetal estable y robusta conservará los genes de los individuos mejor que una inestable y en constantes disputas.

A través de las redes de micorrizas, las plantas no sólo intercambian información sino que también pueden intercambiar nutrientes. Si en un entorno determinado hay plantas que tienen una alta capacidad para obtener o sintetizar productos, mientras que otras plantas son deficientes, entonces los nutrientes se redistribuirán, de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades, por el bien de la comunidad. Una redistribución que se realiza a través de esta internet secreta, la red micorrícica.

Este fenómeno se ha observado, por ejemplo, en ecosistemas donde están presentes leguminosas. Esta familia de plantas se caracteriza por la presencia de nódulos en las raíces con colonias bacterianas capaces de capturar el nitrógeno atmosférico y fijarlo en los tejidos vegetales en forma de nutrientes. Por este motivo, las legumbres no suelen sufrir deficiencia de nitrógeno, pero este es un privilegio que no todas las plantas tienen.

Si el ambiente de las leguminosas carece de sales de nitrógeno como nutrientes, habrá un flujo de nitrógeno activo desde las leguminosas fijadas a través de la red de micorrizas hacia las plantas que lo necesitan. Según las investigaciones, esta transferencia puede representar entre el 20% y el 50% del nitrógeno total del ecosistema.

Las interacciones subterráneas entre plantas y hongos a través de redes simbióticas revelan un mundo de interconexión, cooperación y comunicación que desafía nuestra comprensión tradicional de la naturaleza. Además de la competencia por la luz y el espacio, este sistema de metabolismo de nutrientes y alerta de emergencia también enfatiza la importancia de la sinergia biológica para la supervivencia y el desarrollo de los ecosistemas.

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