Comprar un auto nuevo debería ser emocionante.
Pero para muchas familias se ha convertido en un problema económico.
Hace unos años, salir de una agencia manejando un auto nuevo era motivo de celebración.
Pero ahora, con los precios tan altos, esa emoción puede quedar rápidamente enterrada bajo años de deuda.
¿Realmente es necesario perder la tranquilidad económica durante tanto tiempo solo por tener un auto nuevo?
Por qué comprar un auto nuevo obliga a endeudarse durante más tiempo
Para millones de personas en Estados Unidos, tener un auto es prácticamente una necesidad.
Lo usamos para ir al trabajo, llevar a los niños a la escuela o hacer las compras.
Pero la realidad es que, con los precios actuales, comprar un auto nuevo se ha vuelto cada vez más difícil.
El precio promedio de un auto nuevo ronda los US$50 000, una cifra difícil de asumir para muchos hogares.
Con precios tan altos, el pago mensual promedio alcanzó un récord de US$777.
Las personas no eligen créditos a muchos años porque sean un buen negocio. Lo hacen porque los precios son tan altos que necesitan extender la deuda para conseguir una mensualidad que puedan pagar.
Para reducir el peso de la mensualidad, el 23,9 % de los compradores financiados eligió préstamos mucho más largos de lo que antes se consideraba normal.
El problema es que una mensualidad elevada durante tantos años puede reducir el dinero disponible para ahorrar, afrontar imprevistos o cumplir otros objetivos financieros.
Al final, muchas familias terminan comprometidas con una deuda que puede acompañarlas durante buena parte de la vida útil del vehículo.
La trampa matemática de los plazos largos
Una mensualidad más baja puede convertirse en una trampa costosa.
Si extiendes el préstamo a siete u ocho años, la mensualidad puede bajar. Pero los intereses acumulados aumentan, según los datos de la firma Edmunds.
A esto se suma el riesgo de quedar «upside down»: deber más dinero por el préstamo de lo que el auto vale realmente.
Los autos nuevos pierden valor rápidamente y, como la deuda disminuye más despacio, el comprador puede pasar años debiendo más de lo que recibiría si vendiera el vehículo.
A esto se suma que el pago inicial promedio se situó en US$5815.
Un pago inicial menor facilita la compra al principio, pero también deja menos margen frente a la rápida depreciación del vehículo y cualquier imprevisto financiero.
Comprar parece más fácil cuando la mensualidad baja y el pago inicial es menor.
El problema aparece después, cuando pasan los años, el vehículo pierde valor y la deuda continúa.
Entonces, si extender el préstamo reduce la mensualidad pero aumenta otros riesgos, ¿qué debería revisar un comprador antes de firmar?
Consejos para una compra inteligente
Antes de firmar el contrato en la agencia, conviene mirar más allá de la mensualidad y revisar todos los números.
No basta con saber cuánto pagarás cada mes.
También conviene calcular cuánto terminarás pagando después de cinco, seis o siete años de deuda.
Hay que considerar los intereses acumulados, la depreciación del vehículo y cuánto podría valer el auto antes de terminar de pagar el préstamo.
A eso hay que sumar el seguro, el combustible y el mantenimiento.
Una mensualidad aparentemente manejable puede dejar de serlo cuando se agregan todos los gastos de tener el vehículo.
El error es mirar únicamente cuánto se pagará cada mes sin calcular el costo completo del compromiso.
Tampoco conviene descartar el mercado de segunda mano.
Un auto usado en buenas condiciones puede ser una alternativa para reducir el precio de compra y evitar una deuda tan larga.
Al final, un auto debería hacer tu vida más fácil, no convertirse en una carga durante años.
Si necesitas siete años para pagarlo, quizá el problema no sea el plazo del préstamo, sino el precio del vehículo que estás intentando comprar.
