La industria de los automóviles en Estados Unidos mantiene el pulso de las estrategias para conseguir la producción de forma sostenida. General Motors comentó oficialmente que tiene los planes de realizar una fuerte inyección de dinero (US$275 millones) en su complejo de fabricación de Spring Hill, situado en el estado de Tennessee. Esta fuerte inversión privada tiene como objetivo asegurar la producción de automóviles y la cadena de sistemas de propulsión de GM en la región.
Aceleración de la gama de Cadillac
La planta de ensamblaje abarcará la mayor parte del presupuesto. La compañía General Motors destinará US$150 millones para la llamada Spring Hill Assembly, aunque estos recursos únicamente estarán destinados al aumento de las líneas de montaje y a preparar la infraestructura para el lanzamiento de un nuevo modelo de combustible convencional de Cadillac.
El lanzamiento del nuevo modelo de lujo representará un salto operacional para la planta de Tennessee. Una vez que el lanzamiento del nuevo producto de Cadillac haya sido completamente transferido a la cadena de montaje, la planta Spring Hill Assembly pasará a ser considerada como una planta de explosivo volumen de producción ya que tendrá la capacidad para lanzar hasta cinco modelos de vehículos simultáneamente en la misma línea de producción.
Modernización de la tecnología para los motores turbo
La segunda gran partida de este paquete de inversión va destinada a la ingeniería de propulsión. La automotriz destinará US$125 millones a la unidad del negocio de Spring Hill GPS para llevar a cabo una rehabilitación completa del actual equipamiento industrial. Estas obras de infraestructura tecnológica permitirán extender la vida del programa de motores turbo de 2,7 litros.
Afrontar el motor para asegurar que esté en condiciones de producción óptimas es una de las prioridades comerciales del grupo, ya que este motor de potencia es el corazón mecánico de algunos de los modelos más vendidos de la corporación. En la actualidad, el motor turbo de 2,7 litros equipa de fábrica a las camionetas Chevrolet Colorado, GMC Canyon, Chevrolet Silverado y GMC Sierra. La modernización de los equipos permitirá absorber la fuerte demanda que tendrá en el futuro el mercado de camionetas y se alinea con los próximos lanzamientos.
Tennessee como centro industrial de atracción
La millonaria jugada de General Motors no es un hecho aislado. Llega en un momento en que se aprecia claramente un auge de inversiones manufactureras que conciben a Tennessee como su sede de operaciones principal. En las últimas semanas, varias corporaciones dedicadas a la metalurgia y la construcción han hecho públicas sus intenciones de extender su capacidad de producción en la región, porque les resulta atractivo el nivel de infraestructura y la conexión de la logística local.
Entre estas iniciativas destacan las de empresas como Hygrade Components, que tiene previsto dedicar US$1,6 millones para modernizar su planta, y Stella-Jones Corp., que planea invertir US$45 millones para levantar una instalación de estructuras de acero. También Anatolia Cabinet and Millwork va a edificar una fábrica cuya cifra de inversión se situará en US$9,6 millones y donde la producción se irá integrando mediante sistemas de inteligencia artificial, que es complementaria a las expansiones de las empresas de estampado de metal, por un valor de US$54,4 millones, creando un ecosistema de producción muy competitivo.
El aviso de General Motors asegura que la maquinaria de combustión interna y los autos tradicionales de gama alta continúan teniendo un papel fundamental en los planes financieros de los grandes fabricantes de coches. Al garantizar US$275 millones para reacondicionar Spring Hill, la firma no solo cierra el acceso a sus camionetas más vendidas, sino que soporta fuertemente la mano de obra de Tennessee en un momento de plena transformación industrial.
La compuerta que equilibrará la modernización de la maquinaria y la diversificación de modelos será muy importante para asegurarse los márgenes de beneficio durante la próxima década.
