El Ayuntamiento de Richmond ha modificado de forma significativa su política de movilidad urbana para la protección de los usuarios de ciclovías de la ciudad. El Concejo Municipal decidió que las zonas de amortiguamiento (que separan las ciclovías del espacio de circulación ordinaria) deben ser legalmente consideradas como parte de la propia ciclovía. Esto implica que toda vez que, un vehículo estacione en tal franja de reserva, se podrá sancionar a dicho vehículo, incluso si sus ruedas no invaden el carril reservado para las bicicletas.
Prevención de colisiones y seguridad en la ciclovía
Uno de los principales objetivos que tiene esta ampliación del concepto de la ciclovía va orientado a la prevención de esos accidentes tan comunes que se conocen como «dooring» o colisiones debido a la apertura de puertas. Cuanto mayor sea la distancia de separación de los vehículos respecto al carril de bicicletas, mayor es la posibilidad para que el ciclista pueda reaccionar ante una puerta que se abra de manera repentina del lado del pasajero.
Los impulsores de la medida argumentan que una puerta abierta puede llegar a ser un inconveniente siempre que se detecte con anterioridad, pero puede ser mortal si el impacto es realizado de manera sorpresiva. La concejala Katherine Jordan, que fue la máxima impulsora de la medida, explicaba que estos cambios eran una respuesta a los problemas derivados de la seguridad que habían detectado en zonas de alto tráfico, como aquellos de los espacios que rodean a Byrd Park.
La Comisión de Calles Seguras y Saludables de la ciudad fue la que formalmente recomendó esta extensión de la zona de no aparcamiento. Según los expertos de la citada comisión, la redistribución del mismo espacio de la calzada crea un efecto visual que provoca que el conductor que circula por la carretera reduzca la velocidad.
La discusión respecto a la seguridad del conductor y cumplimiento
A pesar de la amplia aceptación institucional, las medidas han suscitado ciertas inquietudes en un grupo de vecinos que lamentan su propia seguridad al tener que salir de su automóvil por el lado del conductor. En este sentido, algunos vecinos han advertido que, con la condición de que los automóviles estacionados se sitúen primero con sus laterales más próximos al carril de tráfico general, existe un riesgo más alto de ser golpeado por los automóviles que circulan a gran velocidad.
En cualquier caso, la mayor parte del Concejo de Richmond no ha dado excesiva importancia a estas objeciones, alegando que la existencia de automóviles estacionados en los carriles de viaje es una condición habitual preexistente en toda la ciudad. La posición más clara por parte del gobierno local es la de blindar la red de ciclovías para evitar la posible amenaza que la industria del transporte personal podría ejercer sobre los usuarios más vulnerables de la red pública.
Para garantizar el cumplimiento de la nueva normativa, el ayuntamiento ha trazado un periodo de transición con la habitual emisión de advertencias educativas. Pero fue a partir de mayo cuando las autoridades municipales iniciaron la imposición de multas de US$65 a los conductores que continúan haciendo uso de las zonas de amortiguamiento.
Soberanía de la movilidad en Richmond y el futuro del transporte urbano
El establecimiento de estas duras reglas es parte de un plan mucho más amplio de modernización de transporte en Richmond y de transformación de los hábitos de movilidad de la ciudadanía. Las administraciones interpretan que contar con una red de ciclovías desobstruidas es una condición necesaria para potenciar la bicicleta como un medio de transporte cotidiano y no un uso meramente lúdico.
La prohibición de estacionar en las zonas de amortiguamiento de las ciclovías representa un paso decidido de Richmond hacia una infraestructura urbana más responsable y protectora.
