La llegada del Mundial ya empieza a sentirse mucho antes del pitido inicial.
Dentro de un año, millones de aficionados recorrerán aeropuertos, estaciones y carreteras para seguir a sus selecciones por Estados Unidos, México y Canadá.
Las ciudades anfitrionas llevan meses preparándose para recibir esa avalancha de visitantes.
Sin embargo, detrás de la fiesta deportiva aparece una pregunta que preocupa a autoridades, empresas y usuarios por igual.
Mover a tanta gente en pocos días será una tarea gigantesca.
Y cualquier error podría quedar expuesto ante millones de personas que visitarán algunas ciudades por primera vez.
¿Está preparado el transporte público para superar el mayor examen de su historia reciente?
Cómo las ciudades intentan evitar el colapso durante el Mundial
El Mundial de 2026 será el más grande jamás organizado.
Los partidos estarán repartidos entre 16 ciudades y obligarán a millones de personas a desplazarse constantemente entre sedes, hoteles, aeropuertos y estadios.
Muchos visitantes evitarán conducir.
Otros buscarán alternativas más económicas a los vuelos internos.
Eso coloca a trenes, autobuses y sistemas urbanos en el centro de la experiencia de los aficionados.
Para las agencias de transporte, el torneo representa una oportunidad difícil de repetir.
Durante años han intentado convencer a más personas de dejar el automóvil en casa.
Ahora tendrán la posibilidad de demostrar que sus sistemas pueden funcionar incluso bajo una presión extraordinaria.
Ciudades como Los Ángeles observan el evento como una ocasión para cambiar viejas percepciones sobre la movilidad urbana.
Pero una operación de este tamaño deja poco margen para los errores.
Miles de personas llegarán a los mismos lugares prácticamente al mismo tiempo.
El desafío que preocupa a operadores y autoridades
La principal inquietud es la capacidad.
Las horas previas y posteriores a cada partido concentrarán enormes cantidades de pasajeros en estaciones, terminales y paradas de autobús.
Algunas rutas podrían registrar una demanda que normalmente solo se ve en situaciones excepcionales.
Por ese motivo, compañías como FlixBus y Greyhound han ampliado servicios, incorporado vehículos y reforzado sus sistemas tecnológicos para gestionar el aumento de viajeros.
Varias conexiones entre ciudades sede comenzaron a recibir reservas con muchos meses de anticipación.
Mientras tanto, los planificadores urbanos trabajan para priorizar el transporte colectivo y reducir la dependencia de los vehículos particulares.
El objetivo es evitar que el tráfico termine paralizando los accesos a los estadios.
También se estudian alternativas para los trayectos cortos.
Bicicletas, scooters y otras formas de movilidad ligera podrían ayudar a aliviar parte de la presión durante los días más complicados.
Pero a medida que avanzan los preparativos ha surgido otro problema.
Y no está relacionado con la cantidad de autobuses o trenes disponibles.
La polémica que podría acompañar al torneo desde el primer día
Mientras las autoridades buscan evitar retrasos y aglomeraciones, algunos aficionados han comenzado a fijarse en otro aspecto mucho más sencillo de entender: cuánto costará llegar a los partidos.
La discusión comenzó en Nueva Jersey.
Allí se anunció inicialmente que determinados viajes de ida y vuelta para asistir a encuentros del Mundial podrían alcanzar los 150 dólares, pese a tratarse de recorridos relativamente cortos.
Las críticas de usuarios y representantes políticos obligaron a revisar la propuesta.
Finalmente, la tarifa fue reducida a 98 dólares.
Aun así, sigue estando muy por encima de los precios habituales.
El debate no se limita a una sola ciudad.
En Boston también se plantearon incrementos importantes y aumentaron los pasajes de 20 a 80 dólares los días de partido.
Sin embargo, otras sedes han optado por un camino completamente diferente.
Los Ángeles mantendrá sus tarifas habituales durante el torneo.
Filadelfia incluso permitirá que los aficionados regresen gratuitamente después de determinados encuentros.
La diferencia refleja una realidad que probablemente acompañará al Mundial de principio a fin.
La FIFA no asumirá los costos del transporte local y cada ciudad deberá decidir cómo gestionar esa carga económica.
Al final, el éxito del transporte durante el Mundial no dependerá únicamente de evitar retrasos o mover a millones de personas entre los estadios. Para muchos aficionados, la experiencia comenzará mucho antes de que ruede el balón. Y el recuerdo que se lleven de una ciudad podría depender tanto de la comodidad del viaje como del precio que tuvieron que pagar para realizarlo.
