La transformación de los sistemas de movilidad urbana se convierte en una de las estrategias más importantes para frenar la degradación medioambiental y contribuir a una buena distribución del desarrollo. Tal y como se indica en los documentos que divulgó la ONU, el uso habitual de la bicicleta contribuye directamente a un transporte sostenible que favorece la purificación del aire, la reducción de los embotellamientos viales o bien el acceso útil a los servicios.
Equidad social y la reducción del riesgo de patologías crónicas
La dedicación de recursos a las infraestructuras exclusivas para bicicletas y peatones no solo repercute en términos positivos en los balances de carbono, sino que se convierte en una palanca para alcanzar una mayor equidad sanitaria en las ciudades.
En el caso de las personas con una menor capacidad de recursos que no son capaces de comprar un automóvil, la bicicleta se traduce en un modo de transporte de bajo costo de operación fija y eficaz que democratiza el transporte cotidiano hacia los centros sanitarios, educativos y de ocupación. Las evaluaciones técnicas de la Organización Mundial de la Salud comunican a la población que la práctica de este medio de transporte activo reduce sustancialmente el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, diabetes y varios tipos de cáncer.
Las evaluaciones de la OMS concluyen igualmente que la promoción de la caminata y la bicicleta aumenta positivamente el impacto de 13 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, generando unos efectos multiplicadores en las dimensiones social, económica y de política de salud pública.
Integración institucional en las redes de transporte colectivo y consumo sostenible
De forma oficial, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas ha ratificado el reconocimiento de la bicicleta dentro de los sistemas de transporte público masivo. El contexto internacional subraya que la bicicleta va más allá del significado de un modo específico de desplazarse para trayectos cortos, de hecho, establece un positivo referente orientado hacia modos de producción y de consumo más sostenibles.
La durabilidad y la versatilidad que disfruta la bicicleta, un invento que ha perdurado útilmente durante dos siglos, la convierte aún más como símbolo de gestión ambiental responsable y de atención a la salud pública. Dichos organismos multilaterales invitan a los gobiernos locales o sociales a organizar masivas bicicleteadas o programas escolares de la educación física orientados a hacer florecer un sistema de cultura ciclística.
Electrificación y microrredes de base solar en los centros de transferencia urbana
Con la finalidad de mejorar el desempeño logístico de las redes del transporte activo y para apoyar las nuevas flotas de bicicletas y monopatines asistidos por energía eléctrica, que se están introduciendo en distintas ciudades del mundo, los planificadores urbanos adoptan diferentes estrategias para la instalación de estaciones de carga descentralizadas y sostenibles.
La colocación de estaciones de guardado automatizadas en los márgenes de las plazas permite a los viajeros recargar las baterías de sus vehículos gracias a cajas terminales independientes de energía solar fotovoltaica que incorporan bancos de almacenamiento. Esta vía técnica permite mantener el equilibrio de la red eléctrica troncal, al mismo tiempo que evita los sobrecostes de energía en los picos de consumo, y asegura la posibilidad de un buen servicio a los usuarios asiduos.
La colaboración entre las agencias viales y las comunidades ciclistas resulta básica para elaborar corredores inteligentes que optimizan los flujos de tránsito y evitan los riesgos de impacto en las intersecciones más complejas. La regularidad de estos trayectos exentos de contaminación acústica y atmosférica permite mejorar de forma sensible el clima de la convivencia urbana, y a su vez, la posibilidad de recuperar el atractivo comercial y residencial de los barrios del centro.
