La enorme magnitud de la catástrofe sucesora a los terremotos del 24 de junio de 2026 en el norte y en el centro de Venezuela sigue requiriendo incesantemente una acción humanitaria. En este desesperado escenario, la administración estadounidense ha decidido intensificar su respuesta anunciando que incrementa su compromiso, elevando el presupuesto de la ayuda humanitaria hasta más de US$300 millones.
Inyección de fondos y el papel relevante del sector privado
Los incrementos en la postulación del presupuesto federal surgieron de las evaluaciones urgentes que hicieron los primeros equipos de socorro cuando llegaron al terreno afectado. Con este nuevo paquete económico, se aplicó otro incremento de US$50 millones dedicado de manera exclusiva a las operaciones de las distintas organizaciones asociadas.
Este fondo específico llegó a US$200 millones, 100 millones de financiamiento bilateral más otros 100 millones provenientes del fondo de la OCHA. Todo este dinero es administrado por organizaciones con las que se cuenta con un récord de confianza, como UNICEF, la Cruz Roja, el PMA y Catholic Relief Services, y esos fondos son utilizados para proveer refugio, atención médica y agua potable.
A fin de acelerar al máximo la logística, el gobierno optó por aprovechar la fortaleza del sector privado estadounidense. En el sur de la Florida, la organización humanitaria Global Empowerment Mission (GEM) se unió a la cadena Walmart para implementar centros de recogida de donaciones en Miami, informando a los consumidores acerca de los artículos que más urgencia tienen.
Coordinación militar para desatascar la logística aeroportuaria y naval
La llegada masiva de suministros internacionales a Venezuela demanda una infraestructura que soporte operaciones pesadas, algo muy difícil de conseguir ante el estado de destrucción local. Por eso, el Departamento de la Guerra y el Comando Sur se activaron rápidamente para ayudar a reparar y reabrir el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Caracas.
En la actualidad, un equipo expedicionario especializado de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos se ha encargado del control de las operaciones terrestres y de la torre de control del mencionado aeropuerto, llevando a cabo las operaciones que asegurarían la llegada y la descarga de los vuelos humanitarios de manera organizada y segura.
El despliegue táctico también afecta el frente marítimo. En las costas, el USS Fort Lauderdale ocupó una posición frente a La Guaira a partir del uso de lanchas de desembarco para que infantes de marina y marineros entregasen ayuda humanitaria en los litorales más cercanos. Paralelamente, también un equipo naval de operaciones especiales trabaja para reparar en tiempo y forma los graves daños que afectan al puerto guaireño para rehabilitarlo para el tránsito de suministros.
Grupos de búsqueda y la mirada centrada en la reconstrucción de Venezuela
El rescate de las personas que han quedado atrapadas en los edificios derrumbados se constituye en la principal preocupación en la denominada zona cero. Para responder a las necesidades apremiantes que tienen que ver con estas tareas, el gobierno de los EE. UU. decidió enviar cuatro unidades de búsqueda y rescate urbano de tipo avanzado (Tipo I), conformadas por más de 300 rescatistas de primera línea y 23 perros entrenados.
Estas unidades de emergencia llegan a partir de los bomberos de Fairfax, de Los Ángeles y de Miami-Dade para actuar durante veinticuatro horas con evaluaciones de riesgo y atención médica, todo ello bajo un operativo de aviación sostenido por helicópteros y por aviones militares de transporte pesado.
En la medida en que los grupos de rescate luchan contra el tiempo y los escombros, los canales diplomáticos ya empiezan a esbozar los enormes retos que traerán consigo los próximos meses. El Departamento de Estado ha comenzado a planificar las soluciones a las ofertas de vivienda para miles de familias de Venezuela que, de la noche a la mañana, se han quedado sin hogar.
