La ciudad de Bamenda, capital de la región noroeste de Camerún, que cuenta con una crisis humanitaria y separatista que se está prolongando durante cerca de diez largos años, ha vivido hoy una jornada de gran trascendencia política y espiritual. El papa León XIV, en el segundo día de su visita apostólica a este país africano, ha llegado al «territorio atormentado» para lanzar un mensaje que tiene el objetivo de desactivar la lógica de la violencia que ha acabado con la vida de miles de personas y ha forzado el éxodo de 700 000 ciudadanos.
La denuncia del papa y el costo de la destrucción
Durante el encuentro por la paz, el papa se refirió a la asimetría existente entre la capacidad de destruir y la voluntad de reconstruir utilizando unas palabras que contenían una gran dureza. León XIV denunció que aquellos que propagan los conflictos «fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir». En una crítica bien directa a los intereses militares y económicos que dan lugar a la «crisis anglófona», el Pontífice lamentó que se dispongan de miles de millones de dólares fácilmente para destruirlo todo, pero que haya escasez de recursos para sanar, educar, levantar pueblos.
El Santo Padre fue incisivo a la hora de señalar el «mundo al revés» que representa el mercado del armamento, donde las ganancias del saqueo de los recursos naturales de la tierra se reconvierten en espirales de muerte. «¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares!», exclamó el papa, elevando una oración por la conversión de aquellos que arrastran lo sagrado a lo tenebroso. Esta denuncia resuena con fuerza en esta región donde la guerrilla de los «Amba Boys» y las fuerzas del gobierno mantienen un pulso que ha fracturado el tejido social.
Una mesa de encuentro: La unidad entre cristianos y musulmanes
A pesar del dolor que surge de los testimonios de los lugareños (como el de una religiosa raptada o el de familias desplazadas que ya no tienen nada), León XIV subrayó un milagro social que vive la propia crisis: el Movimiento por la Paz, que fue fundado por líderes cristianos y musulmanes, donde la mediación del conflicto los pone como ejemplo para el mundo entero. Para el papa es un signo de esperanza que la religión sea un puente de diálogo en un país donde la principal diferencia no es teológica, sino lingüística.
«¡Dios nunca nos ha abandonado!», exclamó el Pontífice, reconociendo en la comunidad de Bamenda a la «luz del mundo» por su hambre y sed de justicia. Animó a los fieles a ser el «aceite que se derrama sobre las heridas humanas» y no dejar de ser el buen gusto de la concordia que los unió en la hora del llanto. Esta unidad, enfatizó, es la clave para sobrepasar la marginación que viven las poblaciones anglófonas para rehacer el mosaico de la unidad nacional y que las diferentes identidades no sean tratadas como motivos de exclusión.
El drama de la pobreza y la huida de los jóvenes
En la homilía pronunciada en el aeropuerto, León XIV reflexionó sobre cómo la demora en el desarrollo implicó la extracción de los jóvenes en la esperanza de encontrar una vida digna en el extranjero. Esta sangría de talento y esperanza fue denunciada como una forma de mal causada tanto por problemas internos como por la intromisión externa de quienes siguen explotando el continente africano bajo la lógica de la ganancia.
Ante la «dramática crisis humanitaria» que asola la zona, el papa hizo un urgente llamado a intervenir: «Hoy y no mañana, ahora y no después, ha llegado la hora de reconstruir».
