Consolidándose ya como una de las amenazas más inminentes y menos entendidas para la seguridad alimentaria y la resiliencia de los sistemas agrícolas del planeta, el fenómeno al cual se ha llamado calor extremo está causando grandes modificaciones en los rendimientos de las cosechas, la salud de los animales y la disponibilidad de los recursos hídricos. El informe técnico conjunto de la Organización Mundial Meteorológica (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura menciona que el aumento sostenido de temperaturas mundiales causará alteraciones sustanciales en los rendimientos de las cosechas.
Perspectivas científicas y los límites de la indefensión biológica en el marco
Las evaluaciones fisiológicas, que se encuentran en el marco de la investigación de las agencias de las Naciones Unidas, han permitido identificar matemáticamente los límites correspondientes a los niveles de confort y de supervivencia de los principales productos agrícolas. Dicha evaluación científica prueba de manera tajante las métricas de impacto biológico que se registran en el terreno y, fundamentalmente, avisa del riesgo de que el ganado comience a presentar estrés térmico severo a partir del momento en que el termómetro alcanza los 25 ºC.
Igualmente, la productividad de los cultivos primarios en el marco de la agricultura mundial inicia un proceso de disminución alarmante cuando las temperaturas diurnas superan los 30 ºC, afectando a etapas críticas como la floración. Las olas de calor extremo están comenzando a ofrecer una descorazonadora cifra en los costes de los agricultores en términos de la pérdida directa del rendimiento y del bienestar en los espacios rurales.
El mantenimiento de las temperaturas extremas actúa como un factor adicional multiplicador de los riesgos estructurales a los que cualquier sistema agrícola se hace, por tanto, vulnerable, lo que facilita la superabundancia de las plagas destructivas y el desarrollo de las enfermedades fitosanitarias en la industria agrícola.
Servicios climáticos y buen hacer operativo para la reducción de riesgos
Teniendo en cuenta que los frentes de las olas de calor poseen un carácter predecible, la OMM y la FAO identifican una ventana de oportunidad en reforzar el servicio climático y sistemas de alerta temprana en relación a las acciones anticipatorias. La exigencia de un buen hacer operativo de la agricultura varía en transformar la previsión del tiempo en guías de buenas prácticas locales para los productores.
Algunas de las recomendaciones técnicas que han sido validadas para proteger las cosechas y el ganado respecto a las olas de calor son, entre otras, el ajuste al calendario de las siembras, el uso de técnicas de cobertura del suelo para proteger la humedad o la modificación de los ciclos de riego hacia los periodos nocturnos.
Asimismo, se sugiere poner en marcha unas infraestructuras de sombra artificial que pueden ser complementadas por la instalación de paneles de generación de energía solar sobre las plantaciones, optimizando el uso del suelo y protegiendo los vegetales del sol directo.
Pacto multilateral ante la urgencia de la mitigación global
La dimensión internacional del problema requiere que las respuestas vayan más allá de los esfuerzos individuales de las fincas o las delimitaciones de las zonas de protección local. Las agencias internacionales subrayan cómo la vulnerabilidad de las poblaciones agrícolas incide directamente sobre las cadenas de distribución de los núcleos urbanos, encareciendo los productos básicos y desestructurando el comercio de alimentos a gran escala.
La OMM y la FAO concluyen que la adaptación local, aunque necesaria, no es por sí sola la solución al problema del calentamiento. El documento técnico subraya que el único camino duradero para proteger el futuro de los sistemas agroalimentarios mundiales reside en una mitigación ambiciosa construida sobre una cooperación multilateral.
