En medio de los escenarios de creciente tensión internacional alrededor de Venezuela, el envío de contigentes por parte de Estados Unidos hacia el Caribe y la militarización de algunas zonas con el objetivo de combatir el narcotráfico y el crímen organizado, los países suramericanos y caribeños han sentado diversas posiciones a favor o en contra de las acciones tanto estadounidenses como venezolanas.
Violencia en Colombia, un agravante de la situación
Adicional a los problemas ocasionados por la presunta vinculación del gobierno venezolano con cárteles delictivos, la violencia en Colombia ha superado los esfuerzos gubernamentales, tal como lo demuestra el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, y los recientes atentados en distintas ciudades, por los que el presidente Gustavo Petro designó al cártel del golfo como terroristas perseguibles.
A partir de ese momento, Petro señaló que utilizará todas las fuerzas del Estado colombiano para combatir a los cárteles y líderes del crímen organizado en su pais, fundamentalmente al conocido como Iván Mordisco, a quien se refirió como líder de las facciones terroristas de las disidencias de las FARC. Con esto, el presidente colombiano asumió la militarización del país como una posibilidad en el ataque a estos grupos criminales.
En ese sentido, una de las zonas más violentas del territorio colombiano se encuentra en el nor oriente, en la frontera con Venezuela, justo donde se comparte las aguas de ingreso al Golfo, el Catatumbo. Allí, miles de desplazados se han movilizado desde principios desde este año debido al recrudecimiento del conflicto, habiendo incluso avisos de evacuación de civiles en vista de los enfrentamientos programados en esta región.
Respuesta a acusaciones estadounidenses
Este plan de militarización en la zona del Catatumbo por parte del presidente Colombiano, se sostiene en el llamado a la cooperación bilateral, pues durante las acusaciones que se han realizado contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también han surgido señalamientos hacia el gobierno de Colombia, pues según un ex agente de la CIA, la producción de drogas y narcóticos surge desde este país y no desde Venezuela.
Al respecto, el presidente Gustavo Petro ha señalado que el narcotráfico no tiene nacionalidad, que este es un flagelo basado en mafias, y las mafias no tienen territorios, por lo tanto la guerra contra el crímen organizado no se ganará desde un único país, sino que amerita del esfuerzo coordinado entre todas las naciones, para que se elimine realmente todo margen de operación de los grupos delictivos, justificando así su alianza con Venezuela.
De esta manera, Petro ha ordenado la militarización, incorporando 25 000 elementos de la Guardia Nacional Colombiana en la frontera con Venezuela, alrededor de todo el río Catatumbo, donde ya existía la militarización tanto del lado venezolano como del colombiano como forma de mitigar la violencia y las acciones de grupos ahora terroristas como las ELN, las disidencias de las FARC y el cártel del Golfo, que se acentuaron desde enero.
Militarización recibe opiniones contradictorias desde Venezuela
El proceso de militarización que ha anunciado el presidente colombiano ha tenido efectos contradictorios en el lado venezolano, por una parte, el presidente venezolano, Nicolás Maduro Moros ha felicitado la decisión de Petro, señalando que esta acompaña adecuadamente los efuerzos de su gobierno para mitigar la violencia y combatir lo que Maduro llama la amenaza fascista que representa la presencia de Estados Unidos en el Caribe.
No obstante, también días pasados, personeros importantes del gobierno venezolano como Diosdado Cabello han arremetido contra el presidente Petro en situaciones anteriores a la militarización, por ejemplo cuando se fijaron sendas vallas publicitarias con información sobre la recompensa ofrecida por Estados Unidos por información de Nicolás Maduro, el propio Cabello y otras personalidades políticas venezolanas.