En un rotundo grito de alerta respecto a la situación económica y tecnológica en el Foro Económico de Delfos, el embajador de los Estados Unidos en la Unión Europea, Andrew Puzder, llamó a los jefes de gobierno del viejo continente a cambiar urgentemente su política energética. Puzder sostuvo que la reindustrialización de Europa y su acceso a la floreciente economía de la inteligencia artificial (IA), requieren un postulante irrenunciable: la energía en abundancia. El embajador defendió que Europa había puesto demasiado énfasis en una política «sustractiva», cuando lo que la situación actual exige es una política de «adición de energía».
De la «transición» a la «adición»: El ocaso de la política de sustracción
El embajador Puzder no dudó un instante al afirmar que la transición energética, tal como se ha diseñado en Bruselas, ha sido capaz de debilitar las bases de la sociedad moderna al eliminar fuentes de energía fiables y al no tener recursos sustitutivos que sean capaces de manejar la demanda masiva que la IA debe cumplir. «Europa necesita más combustibles fósiles, punto», afirmó contundente el portavoz de la diplomacia nacional.
Para Puzder, el gas natural y el carbón son las únicas fuentes que pueden proporcionar la potencia despachable que cubra los huecos que deja el sol cuando no brilla o el viento cuando no sopla.
Dentro de esta visión de «suma de energía» se propone que las fuentes renovables se unan a una sólida base de hidrocarburos y no que los sustituyan prematuramente. La revolución económica de la IA irrumpe a una «velocidad de distorsión» y no esperará a que las infraestructuras de almacenamiento de energía verde hayan alcanzado una madurez adecuada. Así, para ser económicamente próspera y actuar en beneficio del mejor interés económico de sus ciudadanos, Europa debe asegurar el suministro de energía tradicional para garantizar la operatividad de sus industrias punteras.
La energía nuclear como base y el liderazgo de los Estados Unidos
Con el peso específico de los combustibles fósiles, también adujo que una considerable parte de la energía nuclear nueva es una condición necesaria para aportar la «carga base» de electricidad que el continente necesita. Los centros de datos de la inteligencia artificial demandan electricidad a una escala sin precedentes, y la energía nuclear proporciona la estabilidad y la densidad energética que ninguna otra fuente libre de carbono le puede proporcionar de momento. La soberanía tecnológica europea, según el embajador, está intrínsecamente vinculada a la capacidad de generar energía constante y segura.
En este contexto, los Estados Unidos aparecen como el socio estratégico fundamental. «EE. UU. puede proveer esa energía necesaria», remarcaba Puzder al enfatizar que una Europa próspera resulta ser un objetivo mutuo entre ambas potencias. Washington quiere convertirse en el proveedor por excelencia de gas natural licuado (GNL) y tecnología nuclear avanzada. Es decir, al reforzar la seguridad energética europea con recursos estadounidenses, se protege la alianza transatlántica frente a las inestabilidades geopolíticas y económicas globales.
Bienestar ciudadano frente a la dependencia climática
El embajador Puzder concluyó afirmando que una economía moderna no puede permitirse el lujo de depender del clima, la volatilidad de los precios de la energía o los riesgos de cortocircuitos, que son amenazas directas al bienestar de los ciudadanos europeos.
La «Edad de Oro de la energía», que hace florecer la colaboración entre los Estados Unidos y sus aliados, es la respuesta que da la administración Trump para que Occidente guíe la revolución de la IA recurriendo a utilizar todos los recursos disponibles para poder alimentar el cerebro digital del siglo XXI. Washington está listo para encender los motores de la reindustrialización europea mediante inversiones de miles de millones de dólares en importar la energía, demostrando que la verdadera soberanía nacional nace del poder de producir y consumir energía sin restricciones.
