Tras el devastador terremoto del domingo, que derrumbó miles de viviendas en las provincias de Kunar, Nangarhar y Laghman en Afganistán, un nuevo temblor de magnitud 5.2 volvió a preocupar a la región este martes en Afganistán. Las autoridades locales y organizaciones internacionales advierten que la cifra de víctimas sigue aumentando, mientras los equipos de rescate trabajan para salvar a los atrapados entre los escombros.
Réplica sísmica sacude a la población del este afgano
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó que la réplica del martes tuvo como epicentro un punto cercano a Jalalabad, capital de Nangarhar, y se sintió con fuerza en comunidades rurales ya golpeadas por el seísmo principal. Con solo ocho kilómetros de profundidad, el temblor volvió a generar pánico entre los habitantes, que temen más derrumbes en construcciones debilitadas.
“Estas réplicas son constantes pero aún no han causado víctimas”, explicó Ehsanullah Ehsan, portavoz de gestión de desastres en la provincia de Kunar. Sin embargo, los residentes señalan nuevos daños estructurales y el aislamiento de aldeas enteras debido al colapso de carreteras (así se vivió el terremoto). El transporte de heridos hacia hospitales en Jalalabad y Asadabad depende en gran parte de helicópteros de la administración talibán.
La Media Luna Roja Afgana informó que muchas familias permanecen a la intemperie, sin refugio, en condiciones extremas de calor. “Muchas personas siguen atrapadas bajo los escombros”, alertó la organización humanitaria, subrayando la urgencia de maquinaria pesada para remover los restos de viviendas y escuelas destruidas.
Balance de víctimas y daños en las provincias afectadas
Según dio a conocer el gobierno talibán, el número de muertos ascendió a 1.411 personas, mientras que los heridos ya suman 3.124. De momento, la mayoría de las víctimas se encuentran en la zona de Kunar y Nangarhar, donde más de cinco mil casas de adobe se desplomaron en zonas montañosas y de difícil acceso.
El coordinador humanitario de la ONU en Afganistán, Indrika Ratwatte, advirtió que el balance podría ser aún mayor, ya que “el número de víctimas probablemente aumentará” conforme avancen las tareas de rescate. Sin embargo, la organización estima que los afectados superan los 12.000, incluyendo desplazados internos que lo han perdido todo.
Bajo este aspecto, la magnitud del desastre también alcanza a la infraestructura comunitaria debido a que decenas de mezquitas, escuelas y tierras agrícolas quedaron inutilizables, lo que amenaza con profundizar la vulnerabilidad económica de miles de familias rurales pero en la aldea de Wadir, los sobrevivientes remueven los escombros con sus manos en busca de seres queridos.
La respuesta internacional y los desafíos humanitarios de Afganistán
En esta oportunidad, la ONU liberó cinco millones de dólares de su fondo de respuesta rápida, mientras que el Reino Unido anunció una contribución de un millón de libras y la India envió mil tiendas de campaña junto con toneladas de alimentos.
También se sumaron China, Pakistán, Irán, Egipto y la Unión Europea, que prepara el envío de 130 toneladas de asistencia humanitaria y un millón de euros adicionales en apoyo financiero pero pese a estos esfuerzos, Afganistán enfrenta enormes obstáculos para gestionar la crisis.
El país atraviesa una profunda recesión, con un sistema de salud debilitado y acceso limitado a medicinas, agua potable y energía. A esto se suman las restricciones impuestas por el régimen talibán, que han reducido la llegada de cooperación internacional en los últimos dos años.
La situación de los damnificados demuestra la gravedad de esta catástrofe climática Maqamuddin, un anciano de 90 años, explicó a la agencia EFE: “Hoy es el tercer día desde el terremoto y la desolación todavía continúa. Nuestras casas han sido destruidas, no nos queda nada para vivir, y nuestros niños están sin refugio” (estos fueron los primeros datos). Con más de 1.400 muertos y miles de heridos, el terremoto y sus réplicas exponen la fragilidad de este territorio.
