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Una isla francesa cerró sus playas por ataques de tiburones

La isla francesa llamada “La Reunión” desde siempre se caracterizó por sus riesgos naturales. Pero desde 2011, la presencia de tiburones sarda y tigre se ha convertido en una seria amenaza.

A largo de la última década se ha convertido en el lugar del mundo con mayor mortalidad por agresiones de tiburones. La comunidad científica, que se ha movilizado para desarrollar medidas de protección, busca aún una explicación a estos encuentros.

En el mundo se producen en promedio, más de cien ataques cada año pero ni Australia, ni Sudáfrica, ni la costa este de EE UU concentran tantos ataques mortales de tiburones como lo hace esta pequeña isla francesa con una gran actividad volcánica.

De las 27 agresiones que han ocurrido desde 2011, once han sido fatales, batiendo un triste récord mundial. Solo en el año 2011 se recogieron siete ataques, de los cuales dos fueron mortales.  

La “crisis tiburón”, como fue bautizada la situación, se desencadenó con dos muertes al oeste de la isla La Reunión en una zona llamada Boucan Canot; una de ellas fue la de un antiguo campeón francés de bodyboard el 19 de septiembre de 2011, Mathieu Schiller, cuyo cuerpo nunca fue encontrado, y la otra, la de un adolescente de 13 años, futura promesa del surf francés.

En agosto de 2013 las autoridades decidieron prohibir el baño y la práctica de deportes acuáticos fuera de las zonas habilitadas. “Es un poco como el confinamiento ahora con la COVID-19 con la que no tenemos respuestas. Pero en esta crisis de los tiburones tampoco tenemos mascarillas ni geles protectores ni test. Solo podemos quedarnos en casa”, comenta François Taglioni, investigador en la Universidad de La Reunión.

Para dar salida a este problema de seguridad pública también se han habilitado medidas excepcionales: la captura, la monitorización y el seguimiento de ejemplares, la instalación de redes de última generación, la observación subacuática y la vigilancia desde playas y por drones para permitir actividades y deportes acuáticos.

El surf, un deporte que se practica en la isla francesa de hace 50 años y que estaba en pleno desarrollo en ese momento con más de 30.000 practicantes al año, ha sido la actividad más expuesta a los ataques. “El riesgo de tiburones se ha multiplicado por 23 en siete años (de 2011 a 2018) mientras que el número de practicantes se ha dividido entre 10”, cuenta David Guyomard, investigador en el Centro de Seguridad Tiburón.

Según una investigación publicada en Scientific Reports, se produce un ataque de tiburón por cada 24.000 horas de surf practicadas, una tasa anual que se sitúa entre las más altas del mundo. De hecho, desde 1988, el 86% de las mordeduras provocadas por escualos involucraron a surfistas en las costas de sotavento, donde se realiza el 96 % de las actividades de surf.

A pesar de las restricciones del baño, que en la actualidad siguen vigentes, muchos surfistas han desoído las recomendaciones incluso durante el confinamiento y los ataques se han seguido produciendo. Pero la comunidad científica está más activa que nunca para entender el origen de estos desafortunados encuentros.

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Mapa interactivo que muestra la gravedad y localización de los ataques (en amarillo no mortales y en rojo mortales) a la izquierda, y la concentración de ataques en cada zona de la isla (derecha). / François Taglioni et al

Una reserva marina cuestionada

La reserva natural marina de la isla de La Reunión, clasificada en 2007 y que ocupa una superficie de unas 3.500 hectáreas en las costas oeste de la isla, fue pronto designada por varios sectores como la principal causa del aumento de ataques de tiburón sarda o toro (Carcharias leucas) –confundido frecuentemente con Carcharias taurus–, que puede medir unos 3,4 metros de media y principal especie implicada en los ataques, junto a, en menor medida, el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier).

Desde su creación, el área de protección marina se ha convertido en un santuario donde la pesca está prohibida. “Muchos pensaron que la reserva se convertiría en un comedor para tiburones, que estos proliferarían, y esto en realidad no es verdad”, comenta el investigador francés. Sin embargo, el inventario de la biomasa antes y después de la creación de la reserva muestra que esta no ha aumentado. “Decir que es un comedor -porque hay más peces- es totalmente falso”, apunta el científico.

Las sospechas realmente se deben a que el espacio de la reserva se superpone exactamente con las zonas donde ha habido más ataques desde 2011, porque es donde más gente practica surf. Es concomitante, pero no hay relación entre ambos elementos”, asegura Taglioni.

En un estudio, publicado recientemente, un equipo de científicos franceses y estadounidenses analizó, gracias a telemetría acústica pasiva, la distribución espacial de 36 ejemplares de tiburón sarda dentro y fuera de la zona protegida para demostrar que humanos y escualos podían coincidir en algunas zonas.

Después de 17 meses de estudio, los resultados revelaron que los escualos pasaban más tiempo fuera de la reserva que en su interior. “Esto revela que la distribución espacial de los tiburones no está primordialmente centrada en el área marina protegida a lo largo de la costa oeste de la isla de la Reunión”, dicen los autores en su trabajo.

Sin embargo, los científicos identificaron ciertas localizaciones específicas de la reserva que podrían solaparse con la presencia humana en algunas épocas del año. “En realidad ha habido más ataques en esta zona porque es donde están los lugares de surf. Hay más surfistas y bañistas”, asevera Taglioni.

Descartada la hipótesis del área marina, ¿por qué hay entonces más ataques de tiburones en esta isla que en cualquier otra parte del mundo? “No tenemos la respuesta. Es muy complicado. Creemos que hay una multitud de factores que entran en juego”, advierte el científico.

¿Por qué ataca el tiburón?

A raíz de la recrudescencia de los ataques, en 2012 se puso en marcha el programa científico CHARC para entender el comportamiento de los tiburones sarda y tigre, especies implicadas en los ataques a surfistas y bañistas, y cuya ecología no había sido muy estudiada.

En el marco de este proyecto, una investigación publicada en la revista Ocean & Costal Management, recogía algunos datos sobre la distribución espacio-temporal de los escualos y de las personas entre los años 2011 y 2013, durante los cuales se produjeron ocho ataques mortales.

Entre las conclusiones destaca que la distribución de usuarios y de tiburones se superponen y que las áreas de riesgo medio a alto de interacción a menudo corresponden con las históricamente implicadas con estas agresiones. Sin embargo, “las localizaciones de los ataques de tiburones no se asocian sistemáticamente a una alta presencia de tiburones”, indican los autores liderados por Anne Lemahieu del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés), que piden mayores medidas en áreas prioritarias.

Para François Taglioni, una de las razones del aumento del número de ataques es el mayor número de personas en el agua en un lugar determinado: “El riesgo aumenta. Si no te metes en el agua, no habría ataques”.

En un estudio publicado el año pasado en Marine Policy, el científico francés y su equipo analizaron los factores que podrían explicar los 57 ataques de tiburones que se han producido de 1980 a 2017 en la isla. Entre las variables estudiadas se encuentran la pluviometría, la temperatura, la época del año, la hora del día y la turbiedad del agua, entre otras.

En realidad el tiburón ataca a cualquier hora día siempre y cuando haya un humano en el agua”, apunta el experto. El mes del año también incide en los resultados. “Durante el invierno en el hemisferio sur (julio y agosto) hay más ataques. Existen varias explicaciones para ello: es la época de reproducción y los machos podrían ser más agresivos, y también es el momento que más olas hay y cuando los practicantes de deportes acuáticos están en el agua”, indica el científico.

Otro aspecto que los investigadores han podido confirmar es que al tiburón sarda o toro, capaz de remontar estuarios o habitar lagos y ríos de agua dulce gracias a una glándula de su riñón que le permite filtrar el agua, le gusta el agua turbia. “Va a atacar, sobre todo, cuando hay olas y, por tanto, más surfistas”, señala Taglioni. 

Medidas para reducción de los ataques

  • redes de gran tamaño
  • vigilantes de tiburones
  • drones, equipos de protección individual o colectiva, barreras electromagnéticas
  • vigilancia en motos acuáticas
  • pesca de prevención

Cada una de estas medidas contribuye a la disminución del riesgo. No pueden desplegarse solas, sino que deben ser complementarias. Al sobreponerlas se conseguirá reducir el riesgo a un nivel aceptable para una práctica segura de las actividades en el mar”, explica Guyomard.

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 Ver completa la Estrategia Reunionesa de Reducción del Riesgo Tiburón

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Acerca del Autor

Eva Cajigas

Téc. en Jardinería de la Universidad de Buenos Aires. Posgrado en Gestión Ambiental de la Universidad Bolivariana de Chile y Posgrado en Dirección de ONG de la Universidad de Girona, España. Agroecóloga. Miembro de la Escuela de Formación Agroecológica de Concordia, Argentina.
Colaboradora estable de Ecoportal.net.

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