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La industria de la moda, una de las más contaminantes

Contamina, incita al consumo, trabaja en la lógica de vender mucho, a bajos precios para el comprador pero a un alto costo para los trabajadores de países pobres que son los que elaboran las prendas. Eso ha motivado iniciativas que intentan modos más sustentables de hacer la moda. Pero el cambio está en manos de los consumidores…

La industria de la moda mueve miles de millones. ¿Quién no quiere ‘estar a la moda’? Las liquidaciones, son gancho no sólo de fin de cada temporada, los descuentos están a cada rato: ‘venta nocturna’; ‘días fantásticos; ‘descuentos sobre descuentos’, etc. Quienes caen en la tentación pueden no estar enterados de que la industria de la moda no solo es de las más contaminantes, también está fuertemente cuestionada por derechos laborales y explotación infantil. Acá unas cuantas razones para frenarse antes de salir corriendo al mall.

En abril de 2013 el derrumbe una fábrica textil en Bangladesh (1.100 muertos, 140 desaparecidos y 2 mil heridos), puso al descubierto la realidad detrás de la industria de moda en el mundo desarrollado: talleres ilegales, con cero seguridad para sus trabajadores, entre ellos niños y jóvenes, que son parte de la cadena de distribución de grandes marcas.

Pero además, dentro de la industria, todos saben que se trata de uno de los negocios más contaminantes. Se utilizan enormes cantidades de agua, fertilizantes y pesticidas en la producción de algodón, lo mismo que químicos nocivos en los teñidos, a costa del daño al medio ambiente y la salud de los trabajadores. Sin mencionar que es la antítesis misma de lo sustentable, pues incita permanentemente al consumo. Aquí, de las tres R (reducir, reutilizar y reciclar), poco, por no decir nada.

Todo esto ha despertado iniciativas que buscar cambiar el paradigma. En 2012 en Copenhague tuvo lugar una ‘cumbre mundial de moda sostenible’ y se discutió un código de conducta para el sector textil y de la moda, desarrollado en conjunto por la Asociación de la Moda Nórdica y el Pacto Mundial de Naciones Unidas. Más tarde éste fue lanzado en la Cumbre de Río+20.

Y desde hace años que un sector de la industria viene realizando eventos de moda sustentable, paralelos o alternativos a las clásicas semanas de la moda de las principales capitales. Incluso Chile hace poco tuvo una primera versión. Se bautizan como moda slow o moda ética.

TRABAJO DIGNO/SALARIO JUSTO

“Dentro de 10 años la moda será ética o desaparecerá”. La frase es de Simone Cipriani, director de Ethical Fashion Initiative, del Centro de Comercio Internacional, ITC, de Naciones Unidas, instancia que promueve la repartición equitativa de las lucrativas ganancias del negocio. No es una obra de caridad, se busca bajar la pobreza, fomentando el empleo de mujeres vulnerables para reducir la desigualdad de género.

Conectan a artesanas de las zonas más pobres de África y Haití con diseñadores en todo el mundo. De modo que este trabajo puede estar en una pasarela de Tokio, Río o Roma. Entre las marcas que los apoyan están United Arrow, Lancaster, Osklen y diseñadores como Stella McCartney y Vivianne Westwood. La organización garantiza que cada bordado se paga con un salario justo, que permita vivir dignamente. Además trabajan con materiales locales, orgánicos o reciclados, con un enfoque de cuidado medioambiental.

MÁS RAZONES

Shannon Whitehead, la fundadora de Factory45 (programa que busca capacitar a nuevos diseñadores para fabricar en EE.UU.), en una columna para Huffington Post, expone “5 verdades que la industria de la moda rápida quiere esconder”. Factores a tener en cuenta antes vaciar la billetera en productos “desechables”.

Está diseñada para hacernos sentir ‘desfasados’ en una semana. La estrategia es que los consumidores compren lo máximo posible en un mínimo de tiempo. Señala que Zara (“pionera en el concepto de moda rápida”) recibe nuevos productos dos días a la semana y otras marcas como H&M o Forever21 a diario, creando nuevos looks cada semana.

Los descuentos no son descuentos. Los amantes de los outlet quedarán decepcionados. Afirma que la ropa de estos almacenes nunca pasa por tiendas de precios normales e incluso que muchos de las grandes marcas, nunca venden de rebaja: simplemente venden prendas de menor calidad.

Hay plomo y sustancias químicas nocivas. Muchas cadenas siguen vendiendo artículos como cinturones, zapatos y carteras con mayores cantidades de plomo y otras sustancias por sobre lo permitido. Y sí, los químicos en la industria hace mucho vienen siendo denunciados por ONGs.

Está diseñada para durar poco. El modelo de empresa supone que todo se estropee rápido. Y eso explica los 30 kilos de ropa que en promedio bota cada norteamericano al año, la mayoría fabricada con sintéticos, derivados del petróleo, que tardan décadas en degradarse.

Los adornos dicen que hay trabajo infantil de por medio. Las grandes cadenas compran barato a fábricas extranjeras y es poco probable que éstas inviertan en caras máquinas para poner lentejuelas como si fueran a mano… el trabajo duro se hace en las regiones más pobres del mundo, por millones de personas que trabajan por salarios miserables; muchos de ellos niños que ayudan a sus padres en sus casas.

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