Este miércoles, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva titulada “Una voz para las relaciones exteriores de Estados Unidos”. Este decreto tiene la intención de buscar que su figura se centralice en tomar las decisiones claves de la diplomacia del país y establecer sanciones para aquellos funcionarios que no acaten sus directrices.
Históricamente, el mandatario estadounidense mantiene un papel crucial en la definición de la política exterior. Al tener algunos contrapesos, la Constitución otorga al mandatario el rol de comandante en jefe y principal negociador en asuntos diplomáticos, pero también le da al Congreso competencias para la aprobación de fondos y la capacidad exclusiva de declarar la guerra.
Con esta nueva orden, Trump busca ampliar su margen de acción en el escenario internacional. El decreto establece que todas las decisiones en materia de diplomacia deben ser ejecutadas siguiendo la visión presidencial. Esto indica que cualquier funcionario que se aleje de la línea marcada por la Casa Blanca podrá enfrentar consecuencias profesionales.
“Estados Unidos Primero”, con Trump a la cabeza, será el eje de la política exterior
Si hablamos del documento, en él se establece que desde el secretario de Estado, actualmente Marco Rubio, hasta los diplomáticos de menor rango, deben obedecer las órdenes del mandatario sin margen para interpretaciones propias. Bajo la doctrina “Estados Unidos primero”, con Trump a la cabeza, será el eje de la política exterior, y cualquier desviación podrá ser motivo de sanciones y hasta destitución.
Bajo este aspecto, este mandato también incluye al secretario de Estado la facultad de sumar una “reforma” en el servicio exterior, y podría servir para cambiar los procesos de contratación, evaluación del desempeño y criterios de permanencia del personal diplomático. El objetivo es garantizar que los empleados del Departamento de Estado estén “plenamente comprometidos” con la visión presidencial sin cuestionamiento.
De todas formas, desde que asumió en el cargo, Trump emitió múltiples órdenes ejecutivas con el fin de fortalecer el poder ejecutivo en distintas áreas (el problema legal de los investigadores con Trump). Así, la medida podría generar un cambio grande en la estructura del servicio diplomático estadounidense,lo que podría derivar en una mayor alineación con la Casa Blanca.
La administración Trump defendió la medida que se tomó
La nueva disposición no encontró una oposición inmediata en el Congreso, ya que el Partido Republicano mantiene el control de ambas cámaras. Sin embargo, varios jueces mostraron su inquietud respecto a la constitucionalidad de la medida, lo que podría derivar en litigios en los tribunales.
Algunos expertos en política exterior advierten que la centralización de la toma de decisiones podría afectar la credibilidad de EE.UU en el mundo. Por su sistema democrático, las políticas exteriores son producto de consenso entre distintos actores gubernamentales.
Esta nueva disposición puede traer problemas tanto con aliados como con contrarios. Pese a generar controversias, Trump defendió la medida como una acción necesaria para garantizar que la política exterior del país sea coherente y eficaz.
Trump anunciará aranceles recíprocos esta semana
El mandatario norteamericano, reveló que firmará una orden ejecutiva en las próximas horas o el jueves por la mañana para establecer aranceles recíprocos a los países que imponen impuestos elevados a productos estadounidenses. Esto busca equilibrar tarifas comerciales y proteger la competitividad de exportaciones de EE.UU en el mercado internacional.
Durante su declaración en el Despacho Oval, Trump señaló que la firma de la orden podría ocurrir en cualquier momento, sin precisar detalles específicos sobre su implementación (Trump reduce la administración pública). La medida responde a su política de proteger la industria nacional y asegurar condiciones comerciales justas para los productores estadounidenses.
Aunque el presidente no mencionó qué países se verían afectados directamente, ya expresó en reiteradas ocasiones su descontento con el arancel del 10% que la Unión Europea impone a los automóviles importados, comparado con el 2,5% que EE.UU aplica a vehículos extranjeros.
