En este informe Navigating New Horizons (navegando nuevos horizontes), se esboza un proceso de previsión centrado en la salud planetaria y el bienestar humano, un enfoque concebido expresamente para ampliar el abanico de temas y opiniones fundamentadas que suelen conformar la labor del PNUMA. ¿Por qué? Para asegurarnos de que buscamos en ámbitos que normalmente no se tienen en cuenta, pero son ámbitos en los que la organización puede actuar
o asesorar a otras organizaciones con funciones pertinentes.
Este proceso de previsión de 18 meses de duración abarcó una encuesta Delphi en dos partes, la formulación de posibles panoramas, la sensibilización a escala mundial y regional y la participación de la juventud. El resultado ha sido una gran variedad de datos y opiniones cualitativas para desvelar lo que el futuro (próximo y lejano) podría deparar a la salud planetaria y el bienestar humano.
A lo largo del proceso, ha quedado claro que el mundo se enfrenta a un contexto diferente al de hace diez años. Algunos de los problemas son los mismos, pero el rápido ritmo de cambio, combinado con los avances tecnológicos, catástrofes más frecuentes y devastadoras y un panorama geopolítico cada vez más turbulento, ha dado lugar a un nuevo contexto operativo, en el que cualquier país puede verse desviado de su rumbo con mayor facilidad y frecuencia.
El mundo está ya al borde de lo que podría denominarse «policrisis», en la que las crisis mundiales no sólo se amplifican y aceleran, sino que también parecen sincronizarse. La triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de naturaleza y biodiversidad, y la contaminación y los desechos está alimentando crisis humanas como los conflictos por el territorio y los recursos, los desplazamientos y el deterioro de la salud.
La velocidad del cambio es sorprendente
Las normas sociales, los puestos de trabajo, el tiempo de esparcimiento y nuestra relación con la naturaleza están cambiando de manera imparable. El rápido desarrollo de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial (IA) están influyendo en todas las facetas de la vida. Factores superpuestos e interrelacionados influirán en el medio ambiente: competencia por los recursos naturales, nuevas formas de conflicto, desplazamientos forzosos y migraciones masivas, aumento persistente de las desigualdades, disminución de la confianza y debilitamiento de las instituciones, prevalencia de la desinformación y creciente multipolaridad mundial.
Este nuevo contexto mundial está dando lugar a una serie de cambios críticos, problemas emergentes y amenazas potenciales que pueden o no llegar a materializarse, pero que el mundo debe vigilar de cerca debido a su potencial para perturbar significativamente diferentes sectores y, por tanto, afectar a la salud planetaria y al bienestar humano. Como se ha visto en los dos últimos años, incluso perturbaciones o circunstancias aparentemente improbables o lejanas -por
ejemplo, el COVID-19, la invasión en Ucrania por la Federación de Rusia, los grandes conflictos y desplazamientos masivos en Gaza y Sudán, la crisis energética mundial y la crisis del coste de la vida- pueden convertirse rápidamente en realidad y afectar a todo el mundo. Así pues, es primordial prestar atención a las señales de cambio, incluidas las más débiles, con vistas a anticiparse a las perturbaciones y reducir al mínimo las sorpresas.
Las cuestiones emergentes y las señales de cambio presentadas en el informe son tanto nuevas como antiguas, y la convergencia e interacción entre cuestiones aparentemente distintas y el nuevo contexto mundial hacen que las señales sean importantes. Las señales tecnológicas incluyen la aparición y difusión de innovaciones, incluidas las tecnologías especulativas; en el informe, se presta atención a cómo la inteligencia artificial va a interactuar e influir en las decisiones que se tomen sobre el medio ambiente, la vida y los estilos de vida, tanto positiva como negativamente. En concreto, la demanda de minerales críticos, incluidos los destinados a tecnologías energéticas limpias, va a aumentar rápidamente y podría tener importantes repercusiones en la biodiversidad y la naturaleza, la seguridad alimentaria e hídrica y la contaminación.
Estas presiones se están extendiendo a las profundidades marinas, a los confines de la atmósfera de nuestro planeta e incluso al espacio exterior. Este cambio crítico se cruza con otras señales tecnológicas de cambio, como el rápido crecimiento de la actividad espacial y de los desechos orbitales, y el posible despliegue de tecnologías de Modificación de la Radiación Solar (SRM, por sus siglas en inglés), también conocidas como geoingeniería solar, que, aunque se perciben como poco probables, deben seguir siendo vigiladas.
La convergencia de las nuevas tecnologías y la incapacidad de los sistemas jurídicos para seguir el ritmo de estas han agudizado los problemas de antaño, como la militarización de las tecnologías y el acceso al agua, los alimentos, la energía y las infraestructuras críticas; los nuevos temas críticos son, en particular, la inteligencia artificial y los sistemas de armamento autónomos, que aumentan el riesgo de destrucción del medio ambiente y de guerra biológica. La creciente resistencia antimicrobiana en el medio ambiente, las enfermedades zoonóticas emergentes y los virus de épocas prehistóricas que surgen del deshielo del permafrost son señales que requieren vigilancia.
Los riesgos no asegurables y las pérdidas que ponen en peligro la prosperidad a largo plazo, la mitigación de la pobreza y la protección del medio ambiente; el aumento de las subvenciones a los combustibles fósiles que erosionan la transición energética; y una inminente crisis de salud mental entre los adolescentes cuyos sistemas neuronales están cada vez más preparados para la ansiedad: cada uno de estos problemas apunta a cambios más profundos y potencialmente perturbadores en el horizonte. Ignorar estas señales, por improbables que sean, entraña peligro.
Policrisis vs. Poliestabilidad
La buena noticia es que, al igual que el impacto de las crisis múltiples se agrava cuando están vinculadas, lo mismo ocurre con las soluciones. Este informe ha aprovechado la prospectiva para generar ideas que pueden cambiar el impulso desde el borde de la policrisis a la poliestabilidad.
La clave para un futuro mejor es centrarse en la equidad intergeneracional y en un nuevo contrato social que refuerce los valores compartidos que nos unen en lugar de dividirnos. Un nuevo contrato social implicaría que la comunidad mundial persiguiera un cambio transformador en todos los factores y paradigmas tecnológicos, económicos y sociales, así como en los objetivos colectivos. Un contrato social de esta naturaleza, que incluya el perfeccionamiento y la integración de un enfoque de la habitabilidad y un índice complementario que abarque nuevas medidas económicas y sanitarias, será más adecuado a la hora de reflejar, fomentar y apoyar la resiliencia local basada en redes.
La adopción de una gobernanza ágil y reflexiva, que establezca objetivos a más corto plazo para permitir la corrección del rumbo, combinada con un seguimiento a varios niveles en el ámbito de las Naciones Unidas, mejoraría significativamente la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El hecho de otorgar un mayor protagonismo a los indicadores de bienestar que al mero crecimiento económico contribuirá a la transformación necesaria. El futuro debe ser
participativo, multilateral y cooperativo, y debe integrar las voces de los grupos tradicionalmente marginados, como las mujeres, la juventud, las comunidades locales y los Pueblos Indígenas.
Descarga el informe completo (en inglés) Aquí
