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Un fenómeno en el Atlántico preocupa a los científicos y temen que el huracán Sandy haya sido solo una advertencia: El noreste de EE. UU. podría enfrentarse a algo peor

Por Skarlett Soto
10 mayo, 2026
en Tecnología
Sandy-Atlántico

Fuente: Créditos Ecoportal, imagen editada por IA

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El Atlántico está cambiando… y lo que viene puede ser aún peor.

Durante años, el noreste de Estados Unidos se sintió relativamente protegido de los grandes huracanes. Pero esa sensación de seguridad podría estar desapareciendo.

Los científicos advierten que el calentamiento del océano está alterando el comportamiento de las tormentas. Y lo que antes era poco frecuente… podría volverse cada vez más común.

La gran pregunta es inevitable: si Sandy causó tanto daño sin ser una tormenta extrema, ¿qué pasaría con un huracán más potente en las mismas condiciones?

Por qué Sandy cambió la forma de ver el riesgo

En octubre de 2012, el huracán Sandy sorprendió a millones de personas.

No parecía una amenaza fuera de lo común. Se combinó con un sistema invernal y se transformó en una supertormenta que afectó especialmente a zonas como Nueva York y Nueva Jersey.

El nivel del mar subió, el agua inundó túneles, calles y viviendas, y dejó a miles de personas sin electricidad durante días. Las pérdidas económicas superaron los 90 mil millones de dólares.

Y hay un detalle clave: Sandy no fue un huracán de máxima categoría.

Esto significa que una tormenta aún más intensa podría provocar impactos mucho mayores en una región que históricamente no ha estado preparada para ese tipo de eventos.

Una falsa sensación de seguridad

Durante décadas, los grandes huracanes han sido vistos como un problema del sur de Estados Unidos.

El noreste, con aguas más frías, mantenía una barrera natural para estos fenómenos que, en caso de originarse, terminaban perdiendo fuerza antes de pisar tierra.

Pero este escenario está cambiando.

tornado en EE. UU.
Daños causados por un tornado en EE. UU.

A pesar de que las autoridades han intentado mejorar la infraestructura desde 2012, muchos expertos se preguntan si la preparación es suficiente.

El aumento de la temperatura del océano Atlántico está debilitando esa protección.

Según estudios de organismos como NOAA, las aguas más cálidas permiten que los huracanes mantengan su intensidad durante más tiempo y alcancen latitudes donde antes se debilitaban rápidamente.

Esto significa que ciudades del norte podrían enfrentarse a tormentas más fuertes de lo que históricamente han experimentado.

Lo que antes ocurría una vez cada cien años, pronto podría suceder con mucha más frecuencia, y la infraestructura actual, diseñada para un clima que ya no existe, podría colapsar ante la nueva realidad del Atlántico.

El verdadero riesgo: tormentas más lentas y más complejas

Pero el problema es más complejo: el calentamiento del océano no solo influye en la intensidad de los huracanes, sino también cambia su comportamiento.

Uno de los fenómenos que más preocupa a los científicos es la aparición de tormentas «perezosas». Sistemas que avanzan con menor velocidad y permanecen más tiempo sobre una misma zona.

El efecto es directo.

Más horas de lluvia… más acumulación de agua… y un mayor riesgo de inundaciones graves.

Pero hay algo que preocupa todavía más. El aumento de la energía disponible en la atmósfera favorece la formación de tornados asociados a estos sistemas. Aunque no se trata de tornados “gigantes”, sí pueden ser más frecuentes e intensos dentro del entorno de un huracán.

Episodios de esta magnitud en regiones que no están preparadas para afrontarlas pueden ser devastadores.

El clima está cambiando más rápido de lo que fueron diseñadas muchas de esas estructuras. Lo que antes se consideraba un evento excepcional podría repetirse con mayor frecuencia. Y eso obliga a replantear la forma en que se planifican las ciudades, se protegen las costas y se gestionan los riesgos.

El problema ya no es si ocurrirá otra tormenta como Sandy. Es cuándo… y con qué intensidad. Porque el océano que antes debilitaba estos fenómenos ahora los alimenta. Y eso cambia por completo el riesgo para millones de personas.

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