¿Enterrar ropa interior podría servir para saber qué está pasando bajo nuestros pies?
Suena muy extraño y parece una broma, pero en Suiza lo convirtieron en un experimento científico.
Mil personas enterraron más de 2000 calzoncillos de algodón y 12 000 bolsitas de té en diferentes tipos de terreno.
Después esperaron para ver qué quedaba de ellos.
Pero ¿por qué harían algo así? ¿Qué podían descubrir mirando unos pedazos de tela llenos de agujeros?
La prueba del algodón en mil rincones suizos
Un equipo de investigadores de la Universidad de Zúrich y el centro agrícola Agroscope lanzó un proyecto bastante particular.
La idea era sencilla: utilizar materiales que pudieran descomponerse bajo tierra para observar qué tan activa era la vida del suelo.
Los voluntarios recibieron ropa interior de algodón, bolsitas de té e instrucciones para enterrarlas en distintos lugares.
Había jardines privados, céspedes, campos de cultivo y pastizales.
También recogieron muestras de tierra y aportaron información sobre las características y el manejo de cada lugar.
Después llegó el momento de recuperar lo que habían enterrado.
El algodón está compuesto principalmente por celulosa, que los microorganismos del suelo pueden descomponer.
Por eso, observar cuánto había desaparecido permitía tener una idea de la actividad de descomposición que existía bajo tierra.
Las bolsitas de té servían además como punto de comparación con un método que ya se utiliza para estudiar este proceso.
Y los dos métodos mostraron resultados relacionados.
Pero los calzoncillos no salieron igual de todos los terrenos.
Algunos volvieron bastante más destruidos que otros
Después de dos meses bajo tierra, la diferencia era evidente.
Los calzoncillos enterrados en jardines privados fueron los que más se descompusieron.
En promedio, había desaparecido alrededor del 58 % del algodón.
En los campos de cultivo la cifra rondó el 51 %, mientras que en los pastizales permanentes fue cercana al 47 %.
Los céspedes quedaron últimos, con alrededor del 40 %.
A primera vista, la explicación parecía bastante sencilla.
Si los microorganismos habían descompuesto más algodón en los jardines, podríamos pensar que esos suelos eran los más sanos de todos.
Pero no necesariamente.
Una mayor descomposición muestra que existe una mayor actividad bajo tierra, pero eso no basta para decir que un suelo está en mejores condiciones.
Para entender realmente qué estaba pasando, los científicos tuvieron que mirar las muestras de tierra.
Y allí apareció algo inesperado.
Cuando descomponer más rápido no significa estar más sano
Los jardines privados no solo habían destruido más algodón.
También tenían niveles especialmente altos de nutrientes, entre ellos fósforo.
En promedio, tenían alrededor de cuatro veces más fósforo disponible que los campos de cultivo. Algunos jardines incluso alcanzaron niveles muchísimo mayores.
Y eso cambió la forma de interpretar los calzoncillos.
El fósforo disponible fue uno de los factores relacionados con una mayor descomposición del algodón.
Esto no significa que el exceso de fósforo fuera la única razón por la que los calzoncillos se degradaron más rápido. Para saber exactamente qué provoca esas diferencias hacen falta experimentos más controlados.
Pero sí dejó una advertencia interesante.
Un calzoncillo muy destruido no significa automáticamente que la tierra esté perfectamente sana
En un jardín o un campo agrícola, una mayor fertilidad puede resultar útil. En un bosque o una pradera natural, en cambio, un exceso de nutrientes puede alterar el ecosistema y afectar su diversidad.
Además, el fósforo que las plantas no utilizan puede terminar llegando a otros ambientes y afectar la calidad del agua.
Al final, aquellos calzoncillos enterrados por toda Suiza sí funcionaron como pequeños «sensores» del suelo.
No pueden decir por sí solos si una tierra está sana o enferma.
Pero después de pasar unas semanas enterrados, pueden dejar una pista bastante clara de algo que normalmente ocurre sin que podamos verlo.
Puedes consultar el estudio completo en: Bender, S. F., Bürge, D., Bragazza, L., Knop, E., Masson, S., Peter, N., Demarmels, R., Mueller, D., Imhof, A., Viviani, P., Bieri, A., Liebisch, F., Geisen, S., Hautier, Y., Panagos, P., Garcia-Palacios, P., Goberna, M., Johnson, D., Jöhr, S., … van der Heijden, M. G. A. (2026). Soil health assessment using buried cotton underpants with the help of 1000 citizen scientists. Plants, People, Planet, 1–19. https://doi.org/10.1002/ppp3.70259
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