El clima continúa pasándonos factura, y pronto se espera un nuevo golpe.
Ciudades del mundo que aún se están recuperando de los últimos sucesos podrían quedar vulnerables.
Los científicos alertan que está regresando uno de los fenómenos climáticos más destructivos registrados. Uno capaz de alterar lluvias, provocar sequías extremas y desencadenar desastres naturales en cadena.
¿Estamos preparados para un fenómeno que ya no sigue las reglas que conocíamos?
Un panorama complicado
En medio de los cambios climáticos, la escasez de lluvia en algunos sitios y las inundaciones en otros, un fenómeno conocido vuelve a entrar en escena.
Muchos lo recuerdan por sus consecuencias más extremas.
En episodios pasados, como los de 1982 o 2015, provocó inundaciones severas en la costa oeste de Sudamérica, con deslizamientos de tierra que destruyeron comunidades enteras.
Al mismo tiempo, regiones como Australia o Indonesia sufrieron sequías prolongadas que alimentaron incendios forestales de gran magnitud.
Pero su impacto no se limita solo al medio ambiente.
La economía también siente el golpe: este ciclo ha dejado a sectores como la agricultura con pérdidas millonarias.
El aumento de temperatura en los océanos altera por completo los ecosistemas marinos y afecta directamente a regiones que dependen de la pesca como fuente de ingresos.
Y hay más.
La salud pública queda desestabilizada. Los cambios bruscos de temperatura y humedad favorecen la aparición de enfermedades respiratorias y aumentan enfermedades infecciosas como el dengue o el cólera.
El equilibrio se rompe y el caos se multiplica.
La “barrera de la primavera” y un sistema fuera de equilibrio
A pesar de los avances tecnológicos, predecir con exactitud la intensidad de este fenómeno sigue siendo un desafío.
No obstante, sí cuentan con herramientas para prevenir el desastre.
Ahora mismo estamos en una etapa que llaman la «barrera de la primavera», un momento del año donde los modelos climáticos presentan un mayor margen de incertidumbre.

Expertos de la UNAM advierten que «incertidumbre» no significa «ignorancia». Todo apunta a que entre septiembre y octubre de este 2026 alcanzaremos el punto máximo de un sistema que ya no responde a los patrones del pasado.
Y aquí es donde el problema se pone realmente serio.
El planeta ya se ha calentado cerca de 1,5 °C respecto a niveles preindustriales. Ese exceso de calor cambia por completo el comportamiento de la atmósfera, y este fenómeno podría elevarla aún más, acercándonos peligrosamente al límite de los 1.8 grados.
Un aire más cálido retiene más humedad. Y eso convierte cada tormenta en un evento potencialmente más violento.
Lo que antes podía ser una lluvia intensa… ahora puede convertirse en una inundación devastadora.
Lo que antes era una sequía estacional… puede transformarse en una crisis prolongada.
El sistema climático ya no responde como antes.
El fenómeno que regresa: por qué preocupa más que nunca
El fenómeno del que hablan los científicos es conocido: El Niño. Pero este año podría no ser uno cualquiera.
El evento del ciclo 2026-2027 podría ser denominado «Súper El Niño» por su intensidad y su capacidad de incrementar los efectos.
Lo que más preocupa a los expertos es que las reglas antiguas ya no funcionan. En algunas regiones donde tradicionalmente predominaban las sequías, ahora podrían registrarse lluvias intensas.
En otras, el calor del océano Pacífico podría actuar como combustible para tormentas y huracanes más agresivos.
El calor en el mar es como gasolina para los huracanes en el Pacífico. Una pequeña tormenta puede convertirse en un desastre en pocas horas.
Es un cambio de reglas.
El Niño siempre fue un fenómeno poderoso, pero ahora actúa sobre un planeta más cálido, más inestable y más vulnerable.
Eso significa que sus efectos no solo se repiten… se amplifican. Y aquí el margen de error se reduce.
Porque lo que antes era predecible ahora es extremo. Lo que antes era una sequía o lluvia normal puede convertirse en un evento decisivo con impacto global.
