Estamos en medio de una crisis planetaria que ya no podemos ignorar. El costo de la intervención humana durante siglos es demasiado alto y el mundo no tiene cómo cubrirlo; entró en bancarrota. Estamos ante un escenario crítico y no hay demasiadas opciones. ¿Aún estamos a tiempo de hacer algo?
La ONU advierte sobre una crisis que nos afecta
La Organización de las Naciones Unidas se ha atrevido a poner en palabras una realidad incómoda de la que muchos no se animan a hablar.
Para hacerlo, ha usado la palabra «bancarrota».
Y no se refiere a que tengamos menos dinero en el banco o a las crisis económicas existentes en diferentes puntos del mundo, sino a la escasez de uno de los recursos más importantes en todo el planeta.
Algunas de las causas que nos han llevado al límite han sido el rápido crecimiento de los centros de datos, la contaminación industrial, los vertidos urbanos y el uso masivo de fertilizantes.
Lo cierto es que el impacto que causamos sobre los recursos naturales es un asunto cada vez más crítico.
La actividad humana ha provocado cambios en el ciclo natural de diferentes ecosistemas y algunos son irreversibles.
Contaminación de aire, agua y del suelo, deforestación, pérdida de biodiversidad, alteración del clima… Estas son solo algunas de las consecuencias.
Durante décadas hemos minimizado e ignorado el daño que causamos al planeta en el que vivimos, pero ahora será imposible. Porque el daño es grande y las repercusiones serán globales.
La crisis silenciosa que nadie ve, pero que todos sienten
El año pasado, el Banco Mundial informó que la contaminación del aire genera 5% de pérdidas del PIB del planeta. Hoy, el foco está puesto en otra crisis que trae consigo severos problemas para el ser humano y la vida misma.
No importa dónde vivas, este problema te persigue y tarde o temprano te alcanzará. Necesitamos solucionarlo, pero lograrlo sería el mayor desafío de nuestra historia.
Lo que está pasando influye sobre plantas, animales y seres humanos, pero también sobre todos los ecosistemas conocidos.
Se trata de la falta de un recurso que asegura el correcto mantenimiento de la biodiversidad y los ciclos naturales de la Tierra.
Poniendo el foco en la economía, esta crisis incide negativamente sobre múltiples industrias. Porque se trata de un recurso es clave para casi todos los procesos y explotarlo se hizo una necesidad.
No tener acceso a algo tan básico y tan necesario para todos deriva en enfermedades, subdesarrollo y fuertes desigualdades socioeconómicas.
Lo que nos hace preguntar: ¿Este es el futuro que queremos? Y, más importante aún, ¿podemos hacer algo para cambiarlo?
La crisis más punzante nos acecha día a día
Tras destaparse la extraña relación entre la vejez y la escasez de agua dulce, el foco atencional no se despega de la crisis hídrica.
La ONU ha declarado que la Tierra ha entrado en un periodo de «bancarrota por agua» que probablemente sea muy complicado de revertir.
En varios lugares del mundo la lluvia anual y el caudal de ríos y embalses ya no pueden cubrir la demanda doméstica, agrícola e industrial.
Este déficit se está compensando con la extracción de aguas subterráneas. Algo que alivia el problema de forma inmediata, pero que se traduce en la pérdida de un recurso que tarda siglos o milenios en recuperarse.
Es un problema sistémico, no puntual.
El estudio de la Universidad de las Naciones Unidas, recogido en Springer Nature, propone el término «bancarrota del agua».
«Muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas. Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito. El saldo ya es negativo», argumenta Kaveh Madani, autor principal.
Pese a la alarma que genera la existencia de esta crisis, afortunadamente la conclusión no es del todo fatalista.
Lo que advierten los expertos es que tenemos que aprender a vivir con menos agua, administrándola de forma adecuada. Una estrategia que empieza con algo tan básico como saber medir o, más importante aún, empezar a hacerlo.
No debemos ignorar la crisis hídrica por la que atraviesa el mundo y, aunque no podemos controlar las decisiones de otros, sí tenemos la capacidad de actuar de manera responsable con el agua que utilizamos día a día en el hogar. También es importante tener claro cómo eliminar el arsénico del agua potable.
