Enviar más de 3000 abejas al espacio en un transbordador suena raro, pero en 1984 la NASA decidió hacerlo.
La misión del Challenger tenía metas muy importantes, pero entre toda la tecnología había una pequeña caja transparente con una colmena dentro.
Los científicos querían ver qué pasaba con estos insectos cuando dejaban de tener la gravedad como referencia.
Lo que ocurrió durante los siete días de misión fue sorprendente.
¿Cómo lograron las abejas vivir y trabajar flotando en el espacio?
Por qué la gravedad es tan importante para las abejas en la Tierra
En nuestro planeta, la gravedad es mucho más que una fuerza que nos mantiene con los pies en el suelo.
Para las abejas es una referencia muy importante.
Estos insectos la utilizan para varias de sus tareas cotidianas.
Cuando fabrican las colmenas, las obreras usan la fuerza de gravedad como punto de referencia para orientar las celdas del panal.
Pero la situación no termina ahí.
La gravedad también es clave para su forma de comunicarse.
Cuando una abeja exploradora encuentra una buena fuente de flores, regresa al panal y realiza una danza muy particular haciendo movimientos en forma de ocho sobre las paredes verticales de la colmena.
El ángulo en el que baila respecto a la gravedad les indica a sus compañeras la dirección en la que deben volar respecto al sol.
Por eso, una de las grandes dudas de los científicos era saber cómo se orientarían y trabajarían las abejas sin esa referencia.
Cómo reaccionó la colonia al volar en microgravedad dentro del Challenger
Para llevar a cabo la prueba durante la misión STS-41-C, la empresa Honeywell diseñó un contenedor especial conocido como Módulo de Recinto para Abejas.
Este pequeño hábitat medía unos 45 centímetros.
Tenía buena ventilación y paredes transparentes. Así los investigadores podían ver lo que pasaba dentro.
El transbordador tenía como tarea principal reparar un satélite en órbita.
Al principio, la falta de gravedad causó bastante desorden.
En las primeras horas, las abejas se movían de forma desordenada. Daban giros inestables y chocaban contra las paredes.
Pero después de un tiempo, aprendieron a manejar sus movimientos. Caminaban, volaban y flotaban con mayor facilidad dentro del espacio.
Aunque no había un arriba ni un abajo como en la Tierra, las obreras siguieron trabajando juntas.
Lograron crear unos 200 centímetros cuadrados de panal. Al estudiarlo en la Tierra, los especialistas encontraron estructuras similares a las de los panales utilizados para la comparación, aunque también observaron algunas diferencias.
La vida dentro de la colmena también continuó.
La reina llegó a poner unos 35 huevos durante los siete días de la misión.
Sin embargo, hubo un detalle que dejó otra pregunta abierta.
Los huevos no llegaron a eclosionar después de regresar a la Tierra y los investigadores no pudieron determinar exactamente por qué ocurrió.
Qué nos enseñó este experimento sobre la capacidad de adaptación de la vida
Los resultados de este viaje histórico mostraron que las abejas podían adaptarse mucho mejor de lo esperado a un ambiente completamente diferente.
Aunque la gravedad les sirve como referencia cuando están en la Tierra, durante los siete días del experimento lograron adaptarse al vuelo en microgravedad, construir panal y mantener buena parte de su actividad dentro de la colonia.
Eso no significa que puedan vivir y reproducirse normalmente durante largos periodos sin gravedad.
De hecho, lo ocurrido con los huevos dejó una de las preguntas que el pequeño experimento no pudo responder.
Pero algo sí quedó claro durante aquella semana.
Las abejas que al principio chocaban contra las paredes terminaron aprendiendo a moverse en un lugar donde no existía un arriba ni un abajo como el que conocían en la Tierra.
Y mientras flotaban dentro del Challenger, siguieron haciendo algo que llevan millones de años haciendo: construir su panal.
El artículo completo se encuentra en Vandenberg, J. D., Massie, D. R., Shimanuki, H., Peterson, J. R., & Poskevich, D. M. (1985). Survival, behavior and comb construction by honey bees, Apis mellifera, in zero gravity aboard NASA Shuttle mission STS-13. Apidologie, 16(4), 369–384. https://doi.org/10.1051/apido:19850402
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