A principios de 2017, los astrónomos descubrieron siete planetas rocosos que orbitaban una estrella enana roja muy fría a 40 años luz de la Tierra. Ahora, ¿Se ha descubierto una réplica de la Tierra en TRAPPIST-1 b? TRAPPIST-1 b, el planeta más interior, fue observado recientemente en profundidad por el James Webb en el infrarrojo medio, para determinar si este planeta tiene atmósfera como nosotros.
¿Es posible que Trappist-1 b tenga atmósfera después de todo?
Aunque las observaciones iniciales encontraron absolutamente nada en este planeta, análisis posteriores han revelado un panorama más complejo. Los científicos ahora proponen que TRAPPIST-1 b podría poseer una atmósfera espesa y rica en dióxido de carbono oscurecida por una capa de neblina de hidrocarburos, similar al smog que se encuentra en la luna Titán de Saturno.
Es muy probable que su capa de neblina se forme allí bajo la influencia de la radiación ultravioleta (UV) del Sol procedente de los gases ricos en carbono de la atmósfera. Un proceso similar puede ocurrir en Trappist-1 b debido a que su estrella emite una importante radiación UV.
Este modelo atmosférico podría explicar las desconcertantes mediciones infrarrojas obtenidas por el JWST. La presencia de neblina en la atmósfera superior podría crear una inversión de temperatura, en la que las capas superiores son más cálidas que las inferiores, enmascarando de manera eficaz las características típicas de una atmósfera de CO2.
El dilema tan complejo para detectar y determinar las atmósferas de los planetas rocosos
El caso de TRAPPIST-1 b pone de relieve las complejidades que implica el estudio de las atmósferas de exoplanetas, incluso con instrumentos avanzados como el JWST. Las atmósferas delgadas de los planetas rocosos producen señales débiles, lo que dificulta la detección definitiva. Además, la actividad de la estrella anfitriona, TRAPPIST-1, complica aún más las observaciones.
Incluso si los datos encajan en este escenario, los astrónomos lo consideran menos probable en comparación. Por un lado, es más difícil, aunque no imposible, producir compuestos de hidrocarburos que formen una neblina a partir de una atmósfera rica en CO2.
La atmósfera de Titán, sin embargo, está compuesta principalmente de metano. A su vez, el problema sigue siendo que las estrellas enanas rojas activas, entre las que se encuentra Trappist-1, producen radiación y vientos que pueden erosionar fácilmente las atmósferas de los planetas cercanos a lo largo de miles de millones de años.
Trappist-1 b es un claro ejemplo de lo difícil que es actualmente detectar y determinar las atmósferas de los planetas rocosos, incluso para el JWST. Son delgadas en comparación con los planetas gaseosos y producen solo débiles señales mensurables.
Las observaciones para investigar Trappist-1 b, otorgaron valores de brillo en dos longitudes de onda, en un tiempo de casi 48 horas, por lo cual no fue suficiente para determinar con certeza si el planeta tiene atmósfera.
¿Qué sigue? Esperan una confirmación definitiva mediante otra variante de observación
Se trata de registrar la órbita completa del planeta alrededor de la estrella, incluidas todas las fases de iluminación, desde el lado oscuro de la noche cuando pasa frente a la estrella hasta el lado brillante del día poco antes y después de ser cubierto por la estrella.
Este enfoque permitirá al equipo crear una denominada curva de fase, que indique la variación de brillo del planeta a lo largo de su órbita. Como resultado, los astrónomos pueden deducir la distribución de la temperatura superficial del planeta.
El descubrimiento de atmósferas potenciales en mundos distantes es crucial en nuestra búsqueda de civilizaciones extraterrestres (como la posibilidad de vida encontrada en Marte), ya que amplía nuestra comprensión de las condiciones necesarias para la vida más allá de la Tierra.
