El océano Pacífico parecía tranquilo.
Desde la superficie, nada hacía pensar que algo importante estuviera ocurriendo. Pero varios satélites que observan la Tierra desde cientos de kilómetros de altura comenzaron a detectar una señal extraña.
No se veía a simple vista.
Tampoco aparecía en los mapas meteorológicos habituales.
Sin embargo, bajo la superficie del océano se estaba desplazando una enorme masa de agua cálida que los científicos seguían con atención.
Lo que sucede en esa región del planeta rara vez se queda allí.
Cuando el Pacífico cambia, el clima de medio mundo suele cambiar con él.
Y las primeras señales apuntan a que este año podría volver uno de los fenómenos naturales más influyentes del planeta.
Los satélites detectaron una enorme masa de agua cálida moviéndose bajo el Pacífico
La señal no apareció de repente.
Los científicos llevan meses observando cómo se forman unas ondas submarinas conocidas como ondas Kelvin, una especie de pulsos que transportan agua más cálida de lo habitual desde el oeste hacia el este del océano Pacífico.
Aunque estas corrientes se encuentran bajo la superficie, los satélites pueden detectarlas.
El motivo es curioso: el agua caliente se expande ligeramente, elevando algunos centímetros el nivel del mar.
Eso fue precisamente lo que registraron los instrumentos espaciales.
En ciertas zonas frente a las costas de Sudamérica, el nivel del océano llegó a situarse más de 15 centímetros por encima de lo normal.
Para los investigadores, estas anomalías son una de las señales más importantes de que algo se está formando en las profundidades.
Y todas las miradas apuntan hacia un viejo conocido.
El Niño.
Los científicos creen que este fenómeno podría volver a modificar la circulación atmosférica y alterar el comportamiento de las lluvias y las temperaturas en distintos puntos del planeta durante los próximos meses.
Los grandes episodios de El Niño del pasado dejaron lecciones que todavía se recuerdan
No sería la primera vez.
Los eventos más intensos de 1997-1998 y 2015-2016 dejaron huella en numerosos países.
Algunas regiones de América experimentaron lluvias extraordinarias e inundaciones, mientras que otras zonas del planeta sufrieron sequías prolongadas y pérdidas agrícolas importantes.

La pesca también se vio afectada por los cambios en la temperatura del océano, especialmente en las costas del Pacífico oriental.
Aquellos episodios demostraron hasta qué punto una alteración en las aguas del Pacífico puede acabar teniendo consecuencias muy lejos del lugar donde se origina.
Pero el escenario actual presenta una diferencia importante.
Hoy los científicos de la NASA cuentan con satélites y modelos de predicción mucho más precisos que hace varias décadas.
Eso permite observar el fenómeno con mayor antelación y dar más tiempo a gobiernos, agricultores y servicios de emergencia para prepararse.
Aun así, todavía existe una incógnita difícil de responder.
Hasta qué punto este nuevo episodio se parecerá a los grandes eventos del pasado.
Los próximos meses serán clave, pero los expertos no hablan de una catástrofe global
Los especialistas insisten en que la presencia de El Niño no significa que vaya a producirse un desastre planetario.
Se trata de un fenómeno natural que redistribuye el calor y modifica la trayectoria de tormentas, lluvias y masas de aire.
Sus efectos no son iguales en todas partes.
Algunas regiones suelen recibir más precipitaciones de lo habitual, mientras que otras pueden atravesar periodos más secos o temperaturas anormalmente altas.
Además, los episodios de El Niño suelen alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y enero, por lo que gran parte de sus efectos todavía tardarán meses en desarrollarse.
Por ahora, la prioridad de los científicos es seguir observando la evolución del Pacífico y comparar los nuevos datos con los registros históricos.
Porque, aunque aún es pronto para saber qué intensidad alcanzará este episodio, una cosa sí parece clara.
Lo que ocurre bajo la superficie del océano Pacífico rara vez pasa desapercibido para el resto del planeta.
