Durante años, hubo una predicción sobre el cambio climático que aparecía una y otra vez en informes, documentales y titulares.
Era el escenario que más preocupaba a los científicos.
El que mostraba un planeta mucho más caliente, ciudades costeras amenazadas por el aumento del nivel del mar y fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
Para muchos, era la imagen más cercana a un futuro fuera de control.
Ahora, esa advertencia acaba de perder fuerza.
Y aunque pueda parecer una excelente noticia, los propios investigadores insisten en que nadie debería interpretarla como el final del problema.
Entonces, si el peor escenario ya no parece tan probable, ¿por qué los expertos siguen advirtiendo que el cambio climático continúa siendo una de las mayores amenazas para las próximas décadas?
El escenario que durante años representó el peor futuro posible
Durante mucho tiempo, los científicos utilizaron distintos escenarios para imaginar cómo podría evolucionar el clima dependiendo de las decisiones que tomara la humanidad.
Uno de ellos destacaba por encima de todos.
Era el más pesimista.
Partía de una idea sencilla pero preocupante: que el mundo siguiera dependiendo masivamente del carbón, que las emisiones continuaran aumentando sin freno y que prácticamente no existieran esfuerzos reales para cambiar el rumbo.
Bajo esas condiciones, la temperatura global podía aumentar hasta niveles que transformarían profundamente el planeta.
Muchos de los mapas más alarmantes que circularon durante los últimos años se basaban precisamente en esa posibilidad.
Era una forma de mostrar qué podía ocurrir si no se hacía nada.
Y durante mucho tiempo cumplió una función importante.
Ayudó a entender la magnitud del riesgo, a impulsar investigaciones y también ayudó a que gobiernos, empresas y ciudadanos comenzaran a tomarse el problema más en serio.
Sin embargo, con el paso de los años, los investigadores empezaron a notar algo.
El mundo real ya no estaba avanzando exactamente por ese camino.
Cómo cambiaron las previsiones y por qué los científicos ya no consideran tan probable ese escenario
La principal razón tiene que ver con algo que hace apenas quince o veinte años parecía difícil de imaginar.
Las energías renovables avanzaron mucho más rápido de lo esperado.
La energía solar y la eólica dejaron de ser tecnologías caras o experimentales para convertirse en opciones competitivas en gran parte del mundo.
Al mismo tiempo, muchos países comenzaron a reducir su dependencia del carbón, una de las fuentes de energía que más contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Nada de esto significa que el problema esté resuelto.
Pero sí cambia algunas de las previsiones más extremas.
Por esa razón, numerosos investigadores consideran que aquel escenario basado en un crecimiento descontrolado del consumo de carbón ya no representa la trayectoria más probable para el planeta.
Según la European Geosciences Union los nuevos modelos continúan reflejando aumentos significativos de temperatura.
La diferencia es que ahora el peor escenario considerado realista es menos extremo que el que dominaba las conversaciones hace una década.
Y eso, aunque parezca un matiz técnico, es una noticia importante.
Significa que las decisiones tomadas durante los últimos años han tenido algún efecto.
Que las inversiones en energías limpias han cambiado parte de la trayectoria.
Y que evitar los peores resultados posibles no era una misión imposible.
