Algo que nadie ha visto antes puede estar escondido en un camino que recorrimos cientos de veces sin prestarle atención.
Eso fue lo que le pasó a Judy Dobles.
Esta jubilada y científica ciudadana había recorrido muchas veces los senderos del Cumming Nature Center, en Nueva York, hasta que un día recogió un poco de musgo de un tronco viejo para mirarlo al microscopio.
Allí apareció algo que no reconocía.
¿Qué podía esconder una muestra de musgo tan pequeña?
Algo extraño apareció dentro del musgo
Cuando Judy colocó la muestra bajo el lente de su microscopio, al principio todo parecía normal.
Pero al mirar con más atención, notó algo raro.
Había una criatura diminuta de ocho patas que no se parecía a ninguno de los tardígrados que había visto antes.
Era uno de esos animales microscópicos que conocemos como «osos de agua» por su cuerpo regordete y su particular forma de caminar.
Era tan pequeño que no podía verse a simple vista.
Pero Judy tenía experiencia buscando tardígrados
Había recibido capacitación para estudiarlos y llevaba tiempo recolectando muestras en distintos puntos del Cumming Nature Center.
Por eso decidió averiguar qué tenía delante.
Le envió imágenes e información a Piotr Gąsiorek, especialista en tardígrados de la Universidad Jaguelónica, en Polonia.
Y ahí empezó un proceso mucho más largo.
No bastaba con que el animal se viera diferente.
Había que demostrar que realmente lo era.
Había que comprobar que nadie lo había descrito antes
Durante aproximadamente un año, el ejemplar pasó por diferentes análisis.
Los investigadores estudiaron sus características físicas y también analizaron cuatro marcadores de ADN para compararlo con otras especies conocidas.
Poco a poco, las diferencias empezaron a quedar claras.
El pequeño animal pertenecía a Mesocrista, un género de tardígrados del que se conocen muy pocas especies.
Pero este ejemplar era diferente.
Los análisis morfológicos y genéticos terminaron confirmando que se trataba de una especie que nunca antes había sido descrita por la ciencia.
Ahora quedaba otro asunto.
Había que ponerle un nombre.
Y Judy no quiso utilizar el suyo.
La nueva especie necesitaba un nombre
El Cumming Nature Center se encuentra en tierras ancestrales del pueblo Onöndowa’ga, también conocido como Seneca.
Por eso, Judy decidió buscar un nombre que tuviera una relación con el lugar donde había aparecido aquel pequeño animal.
Para hacerlo, pidió ayuda a Jamie Jacobs, miembro del Clan Tortuga de la Nación Tonawanda Seneca y conocedor de la lengua onöndowa’ga.
Así llegaron a una palabra: ojagwaji.
El término hace referencia a la apariencia granulada o moteada que presenta el tardígrado cuando se observa de cerca.
La nueva especie recibió entonces su nombre: Mesocrista ojagwaji.
Pero el hallazgo no fue producto de una única muestra tomada por casualidad
Judy había recolectado musgo en más de 143 lugares del Cumming Nature Center como parte de su trabajo de ciencia ciudadana.
Antes de esas investigaciones, en el estado de Nueva York se habían registrado 12 especies de tardígrados.
Su trabajo ayudó a elevar esa cifra a 27.
El descubrimiento de Mesocrista ojagwaji muestra que no siempre hay que viajar a lugares remotos para encontrar algo que la ciencia todavía no conoce.
Judy había recorrido aquel sendero cientos de veces.
La diferencia fue que un día se detuvo, tomó un poco de musgo y decidió mirar más de cerca.
Puedes consultar el estudio completo en: Dobles, J., & Gąsiorek, P. (2026). A new species in the rare genus Mesocrista (Eutardigrada) from New York (U.S.A.). Zoological Science, 43(4), 426–432. https://doi.org/10.2108/zs260003
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