Las olas de calor extremo que acaban de dar una fuerte sacudida a Europa atravesaron el océano y ya impactan en varias regiones de Estados Unidos. En este contexto, un nuevo documento de la ONU se ocupa de Norteamérica, Asia Central y Europa, alertando de un mensaje directo: el clima se tornará mucho más violento en las próximas décadas y estará en riesgo todo el sistema de transporte terrestre y marítimo.
El golpe directo a la infraestructura y a la economía
Norteamérica es una de las zonas más expuestas a la furia del agua. En este sentido, el informe menciona que la costa del este de Estados Unidos y la costa de Columbia Británica en Canadá tendrán lluvias torrenciales muy intensas. La combinación de estos frentes atmosféricos ocasionará incrementos del riesgo de deslizamientos de tierra, determinadas fallas en los terraplenes y colapsos totales en el sistema, que se traducen en arrasar completamente con rutas y vías navegables, entre otros.
El no hacer frente a estas situaciones se convierte en un costo económico alto. El informe de la ONU menciona los costos de la temporada de huracanes en el Atlántico que dejó como herencia un total de US$232 000 millones solo en pérdidas para el año 2024. También hay daños anuales en terminales portuarias que se estiman en US$7500 millones anuales, y por último, el riesgo sistémico alto que se da en las cadenas de suministro que arroja un costo total de hasta US$122 000 millones en riesgos.
Una cuestión: El asfalto reblandecido y cada día más insoportable
El calor constituye el otro peor enemigo invisible, ya que va generando un cruce de rupturas de los entornos de conexiones. Las proyecciones permiten imaginar que la infraestructura de los transportes tendrá que soportar entre diez y cincuenta días más al año con temperaturas superiores a los veinticinco grados centígrados. En zonas especialmente azotadas, incluso se podrían registrar hasta doscientos días al año por encima de este umbral asfixiante, generando un deterioro acelerado de los pavimentos y la aparición de incendios forestales alrededor de las rutas.
El impacto de estas temperaturas no es una hipótesis a futuro. Se trata de un caos logístico que se refleja casi en tiempo real. Los retrasos y cancelaciones de los trenes que han padecido varios países recientemente son consecuencia de vías deformadas y del asfalto casi licuado causa de las temperaturas, pero también de los notables fallos ocurridos en los aires acondicionados de las maquinarias.
Si a esto le sumamos que casi el 90 % de los puertos mundiales estarán en riesgo por tormentas marinas extremas para el año 2100, el colapso logístico asoma como una amenaza concreta.
La necesidad de cambiar las redes logísticas
Ante proyecciones tan sombrías, la ONU deja claro que lo de adaptarse es un requisito ineludible. La presidenta de la comisión, Tatiana Molcean, afirmó que «los fenómenos meteorológicos extremos no son un riesgo en el futuro, sino en el presente, por lo que preparar las sendas es esencial». A partir de información aportada por el Instituto de Recursos Mundiales, cada dólar en adaptación climática representa más de US$10,50 de beneficios directos económicos, sociales y ambientales.
Para llegar a este nivel de resiliencia, el estudio exhorta a conseguir que los gobiernos y también los agentes económicos privados ubiquen la infraestructura climática en el centro de las prioridades. Proponen establecer procedimientos de evaluación continuos con el fin de medir los impactos futuros y pensar soluciones de acuerdo con los distintos territorios. Reiteran a las administraciones que la única forma segura de reducir los riesgos operativos y evitar un colapso financiero es reforzar los marcos legales y políticos.
El diagnóstico de la ONU ratifica que Norteamérica se encuentra en la línea de contacto de una crisis ambiental que va a afectar a sus sistemas logísticos.
