El planeta se edifica rápidamente, aunque va en descenso en sus cometidos medioambientales. Así lo advierte la décima edición del informe que el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Global para los Edificios y la Construcción (GlobalABC) presentaron de manera reciente. El informe avisa de una alerta: la descarbonización de los edificios va muy lenta. Mientras las ciudades crecen a ritmo acelerado y aparecen más los riesgos climáticos, los objetivos del Acuerdo de París se van alejando, ya que la manera en la que diseñamos, levantamos y habitamos nuestros espacios necesita un importante cambio.
El peso real del ladrillo en la crisis climática
Cuando pensamos en el calentamiento global, lo solemos centrar en los aviones, los autos o las grandes fábricas, pero nos olvidamos del techo que tenemos sobre nuestras cabezas. Sin embargo, este informe de la ONU revela que el sector de la construcción y los edificios es responsable del 37 % de las emisiones globales, una cifra monumental que pone de manifiesto el verdadero papel de la actividad inmobiliaria en la salud del planeta.
A esta cifra se le suma otro dato relevante y alarmante, ya que el sector consume prácticamente el 50 % de la extracción mundial de los materiales. Desde el cemento o el acero, cada nuevo proyecto se lleva un volumen de recursos naturales que la Tierra ya no puede reponer a la misma velocidad, en esencia, la expansión urbana y los ritmos de ejecución de las obras superan con mucho cualquier medida de acción climática que se intente implementar.
Estancamiento en el avance pese a las advertencias
El informe anual de la ONU hace el papel de un termómetro del mundo en su herramienta de rastreo climático. Toma en consideración las emisiones, los códigos de la energía, las certificaciones de las construcciones ecológicas y las inversiones financieras. Pero a pesar de que ya hace 10 años están midiendo y debatiendo, los resultados del ciclo bajo el lema «Building fast. Falling short» , muestra que el sector se encuentra aún fuera de la trayectoria necesaria.
El avance de la energía renovable y la mejora en las normativas son consideradamente lentos en prácticamente todos los países. Pese a que existen compromisos internacionales clave como el 2050 Buildings Breakthrough, o la «Déclaration de Chaillot», la transición hacia operaciones realmente limpias está estancada. Las políticas públicas y las promesas privadas no se plasman en acciones al ritmo que demanda la emergencia.
Construcción climáticamente inteligente como una oportunidad
La ONU pone de manifiesto que la adopción de modelos de construcción climáticamente inteligentes representa una oportunidad extraordinaria. Además de transformar el sector, ayuda a cumplir los objetivos medioambientales mundiales. También se suma que tiene una repercusión notable en la economía doméstica. Un buen diseño reduce las facturas, que son una cuestión importante de la economía de los hogares hoy en día.
Para ponerlo en términos concretos, el gasto en electricidad, que a menudo ronda los US$100 al mes, podría descender a un simple US$50 si se optimizan los materiales, el aislamiento y la gestión de la energía en el hogar. Adicionalmente, las viviendas sostenibles muestran unas condiciones de habitabilidad bastante mejores y a su vez son mucho más resilientes para soportar fenómenos climáticos. El gran reto es conseguir que acabemos replicando estas soluciones con alta inversión, pero también con políticas que garanticen el acceso.
Finalmente, el estudio de la ONU es un llamado para actuar de inmediato para gobiernos, inversionistas y quienes desarrollan la vivienda. No se puede edificar siguiendo las reglas del pasado con las crisis del futuro a la vista, incluyendo la creciente población urbana. El sector inmobiliario tiene en manos más de la tercera parte de la cuestión climática, pero también la clave para una de las respuestas más eficaces.
