En Texas, unos investigadores estudiaron nueve ríos y encontraron algo que les llamó la atención.
Los que estaban en las regiones donde menos llueve producían aproximadamente el doble de biomasa animal que los de las zonas más húmedas.
Pero cuando observaron qué animales vivían en cada lugar, encontraron una diferencia importante.
En los ríos menos lluviosos predominaban los peces y pequeños invertebrados que comen algas. En los más húmedos había una mayor proporción de depredadores y animales que se alimentan de restos vegetales.
¿Por qué un río podía producir tanta biomasa y, al mismo tiempo, tener una red alimentaria más sencilla?
Los científicos encontraron buena parte de la explicación en la vegetación de las orillas, que determina cuánta luz llega al agua y qué alimentos tienen disponibles los animales.
La diferencia comienza en los árboles que crecen junto al agua
Las hojas que caen de los árboles pueden parecer poca cosa, pero para muchos animales de un río son alimento.
En los lugares donde llueve más, los árboles de las orillas aportan hojas y otros restos vegetales que terminan en el agua. Allí los aprovechan pequeños invertebrados, que después sirven de comida para peces y otros depredadores.
En las regiones más secas ocurre algo diferente. Suele haber menos árboles junto a los cauces y, por lo tanto, menos sombra sobre el agua.
Con más luz solar, las algas encuentran mejores condiciones para crecer. Y esas algas son una fuente de alimento para muchos peces e invertebrados herbívoros.
Algunos de estos animales tienen ciclos de vida cortos, de modo que pueden producir nueva biomasa rápidamente cuando encuentran suficiente comida.
Así, mientras unos ríos reciben buena parte de su alimento de las hojas que caen desde las orillas, en otros las algas que crecen dentro del agua tienen un papel mucho más importante.
Qué encontraron los científicos en los nueve ríos de Texas
La investigación fue realizada por un equipo del Virginia Institute of Marine Science (VIMS), de William & Mary.
Los científicos eligieron nueve ríos de la región de praderas de la costa del Golfo, distribuidos a lo largo de unas 217 millas de Texas.

Los lugares tenían condiciones relativamente parecidas de temperatura, elevación y geología, pero la cantidad de lluvia cambiaba bastante. En las zonas más secas caían unas 22 pulgadas al año y en las más húmedas se registraban alrededor de 53 pulgadas.
Entre 2017 y 2021, los investigadores estudiaron peces, caracoles, invertebrados, algas y distintas condiciones ambientales. Para calcular la producción de biomasa utilizaron tres años con suficientes mediciones.
Al comparar los datos, encontraron que los ríos de las regiones menos lluviosas tenían aproximadamente el doble de producción secundaria y recambio de biomasa.
La producción secundaria es la cantidad de nueva biomasa que generan los animales. El recambio indica qué tan rápido se renueva esa biomasa.
Esto no significa que hubiera el doble de peces ni que cada uno creciera dos veces más rápido. Lo que ocurría era que, entre todos, los animales producían y renovaban su biomasa a mayor ritmo.
En los ríos de las zonas secas destacaban los herbívoros de ciclos de vida rápidos. En los más húmedos había una mayor proporción de depredadores y de invertebrados que se alimentan de materia orgánica en descomposición.
Por qué los ríos que producían más biomasa tenían redes alimentarias más sencillas
Los resultados mostraron que la cantidad de biomasa producida no cuenta toda la historia de un río.
En las regiones más secas, las algas proporcionaban una parte importante del alimento. Los peces y otros animales herbívoros podían aprovecharlas y generar nueva biomasa rápidamente.
En los ríos más húmedos, las hojas y los restos vegetales que llegaban desde las orillas también alimentaban a numerosos invertebrados. Estos, a su vez, eran consumidos por otros animales, incluidos los depredadores.
Había más conexiones entre los distintos grupos, aunque la producción de biomasa fuera menor.
Esta diferencia puede ayudar a entender qué sucede cuando cambia la cantidad de lluvia que recibe una región.
Si las precipitaciones disminuyen durante períodos prolongados, también puede cambiar la vegetación de las orillas. Eso modifica la luz que llega al agua y los alimentos disponibles para los animales.
Sin embargo, el estudio no demuestra que los ríos de las regiones secas estén necesariamente en malas condiciones ni que sus especies estén desapareciendo.
Lo que encontraron los científicos es que la lluvia influye en la forma en que circula la energía dentro de un río.
Por eso, observar muchos peces o una gran producción de biomasa no es suficiente para conocer cómo funciona ese ecosistema. También importa saber qué comen los animales y qué relaciones mantienen entre ellos.
En los nueve ríos de Texas, esas diferencias permitieron explicar por qué los lugares con menos lluvia producían más biomasa animal, aunque sus redes alimentarias fueran más sencillas.
Puedes revisar el estudio completo en: Strickland, B. A., Patrick, C. J., Hogan, J. D., Brown, C. L., Frazier, C. F., Groff, C. M., Groff, D., Kinard, S. K., Ulseth, A. J., Vander Zanden, H. B., & Whiles, M. R. (2026). Climatic rainfall regime shapes energy flow, trophic structure, and secondary production in streams. Ecology, 107(10), e70501. https://doi.org/10.1002/ecy.70501
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