Las estrellas similares al Sol experimentan superllamaradas aproximadamente una vez por siglo. Según un análisis de estrellas similares en nuestra galaxia, es posible que el Sol esté a punto de sufrir una tormenta más fuerte que cualquier otra que hayamos visto en la historia reciente.
¿Qué son las llamaradas emanadas del Sol y cómo nos afecta?
Las erupciones solares son destellos brillantes de luz que emite el Sol y que liberan grandes cantidades de radiación electromagnética. Pueden tener efectos graves en la Tierra, con el potencial de impactar los sistemas de comunicación y la infraestructura eléctrica.
Sin embargo, las erupciones solares son solo la punta del iceberg en términos de explosiones de energía que pueden emitir las estrellas. Un fenómeno más extremo es la “superllamarada”, una explosión que puede ser decenas de miles de veces más potente que la erupción solar “típica”.
Una de las tormentas solares más violentas de las que se tiene registro fue el fenómeno Carrington de 1859. Durante esta tormenta, las redes telegráficas de Europa y Norteamérica colapsaron. Lo más preocupante es que, liberó solo el 1 % de la energía que podría emitirse durante una superllamarada. Los astrónomos nunca han observado directamente una gran superllamarada en el Sol, por lo que continúa en estudio pese a que tuvo que parar sus proyectos en el Sol por esta razón.
Violentas llamaradas estallan cada 100 años
Para preparar y proteger los sistemas de la Tierra, es vital comprender cómo, cuándo y por qué nuestro Sol produce estos violentos eructos de energía. Una «superllamarada» es una llamarada masiva y violenta que expulsa radiación de alta energía al espacio. Los científicos creían que las superllamaradas eran bastante escasas y que se producían solo una vez cada 4.000 o 5.000 años. Pero una nueva investigación realizada en Alemania acorta considerablemente esa cronología.
Según los investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación del sistema solar en Alemania, ahora se sabe que las superllamaradas estallan en estrellas similares al Sol cada 100 años.
Si bien nuestro Sol emite pequeñas llamaradas casi constantemente, las llamaradas más grandes pueden inundar la atmósfera superior de la Tierra, alterando drásticamente la forma en que las señales de radio y de otro tipo viajan a través de ella.
Las llamaradas también suelen ir acompañadas de eyecciones de masa coronal (CME), explosiones de partículas cargadas, que pueden dañar de forma más directa, satélites y aeronaves, además de causar espectaculares auroras.
Esto ha permitido a los científicos identificar al menos cinco eventos extremos de superllamaradas de partículas solares del Sol, durante la historia de la Tierra. Tres de ellos ocurrieron en los últimos 12.000 años, y el más violento parece haber azotado nuestro planeta en el año 775 d. C.
¿Tendrá el Sol una superllamarada que nos afecte?
Este año, el Sol ha estado particularmente turbulento, azotando la Tierra con tormentas solares usualmente fuertes y aumentando los espectáculos de auroras como un recordatorio de cuán violenta puede ser nuestra estrella.
En busca de esta información, Vasilyev y sus colegas recurrieron a una muestra de miles de otras estrellas, que determinaron que eran similares al Sol en términos de su clase estelar y su comportamiento. El equipo observó 2.889 superllamaradas en 2.527 de las 56.450 estrellas observadas. Esto equivale, en promedio, a que una estrella similar al Sol produce una superllamarada cada 100 años aproximadamente.
En general, el equipo descubrió que estas estrellas exhibían un comportamiento de llamaradas similar al del Sol: producían muchas llamaradas pequeñas, menos llamaradas grandes y muy pocas llamaradas enormes. Muy similar a lo que la NASA encontró en otro planeta (una cola de fuego).
Por lo tanto, si bien el Sol nunca ha exhibido una verdadera superllamarada en la historia registrada, parece que las estrellas como nuestro Sol sí lo hacen, y en frecuencias cósmicamente cortas de aproximadamente una vez por siglo. Aunque el impacto potencial de un evento como este en la Tierra, aún no está claro, lo que se desprende de esta investigación es la necesidad de ser cautelosos.
