Encontrar el nido de una tortuga de caja oriental puede ser mucho más difícil de lo que parece.
En Virginia, científicos llevan años intentando entender por qué las poblaciones de tortugas nativas están disminuyendo.
Esta vez decidieron concentrarse en algo que ocurre mucho antes de que una tortuga llegue a enfrentarse a carreteras o cortacéspedes.
Para hacerlo utilizaron radiografías, carretes de hilo y mucha paciencia.
Pero cuando finalmente consiguieron encontrar los nidos, apareció otro problema.
¿Qué estaba ocurriendo con los huevos apenas unas horas después de la puesta?
Por qué es tan difícil encontrar los nidos de las tortugas de caja orientales
Desde 2022, investigadores del Instituto de Biología de la Conservación del Zoológico Nacional Smithsonian estudian tortugas nativas en distintos lugares rurales de Virginia.
Ya conocían varias amenazas que pueden afectar a estos animales.
Entre ellas se encuentran las carreteras rurales, los cortacéspedes, los cambios en el clima y los depredadores que encuentran en patios y jardines.
Pero esta primavera decidieron mirar una etapa mucho más temprana.
Querían saber qué ocurre con los nidos y cuántos huevos tienen posibilidades de sobrevivir después de la puesta.
El problema era encontrarlos
Las hembras pueden pasar horas e incluso días buscando el lugar adecuado antes de comenzar a excavar.
Después hacen un agujero poco profundo, ponen entre dos y cinco huevos y vuelven a cubrirlo.
Y pueden desplazarse bastante antes de decidir dónde hacerlo.
Una tortuga que parece preparada para anidar en un sitio puede aparecer a la mañana siguiente muy lejos de allí.
Los científicos necesitaban alguna manera de seguirlas.
Un método que necesitaba mucha paciencia
El equipo monitoreaba cinco lugares de estudio y 56 tortugas marcadas.
Durante la temporada reproductiva, las hembras pueden llevar los huevos en desarrollo dentro de su cuerpo durante 30 a 60 días.
Los investigadores primero intentaban detectarlos mediante una palpación cuidadosa.
Cuando eso no era suficiente, utilizaban una máquina portátil de rayos X.
Así consiguieron identificar 20 hembras que llevaban huevos.
Entonces comenzaba la parte más curiosa del experimento.
A cada una le colocaron sobre el caparazón una pequeña bobina de apenas 2 gramos con 216 yardas de hilo
No había ningún sistema electrónico escondido en ella.
La tortuga simplemente caminaba y el carrete iba soltando hilo detrás.
Al día siguiente, los investigadores regresaban y seguían ese rastro a través de pastizales y bosques.
Después volvían a pesar a la tortuga.
Si había perdido entre 20 y 80 gramos, era una señal de que probablemente había puesto sus huevos cerca.
Entonces solo quedaba seguir el hilo y buscar algún lugar donde la tierra hubiera sido removida recientemente.
Después de ocho semanas de trabajo de campo en el Zoológico Nacional e Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian, consiguieron encontrar 16 nidos.
Y ahí apareció el verdadero problema.
Lo que encontraron después de seguir el hilo
De los 16 nidos localizados, 13 fueron saqueados apenas unas horas después de que las hembras pusieran los huevos.
Los responsables fueron principalmente mapaches y zorrillos.
En uno de los casos, una cámara incluso registró a un mapache mientras se comía los huevos.
El resultado parece extremo, pero no es algo completamente desconocido.
Otros estudios con tortugas de caja han encontrado tasas de depredación de nidos que pueden llegar hasta el 90 %.
De las cuatro hembras cuyos nidos no pudieron estudiar, tres habían puesto sus huevos en propiedades privadas a las que los investigadores no tenían acceso y una nunca volvió a ser localizada.
Ahora el equipo quiere seguir recopilando información sobre la temperatura del suelo, la ubicación y el microclima de los nidos para entender mejor por qué algunos consiguen sobrevivir y otros no.
Porque el peligro para estas tortugas no empieza únicamente cuando salen al mundo y se encuentran con carreteras, máquinas o cambios en su hábitat.
Para muchas, comienza antes de romper el cascarón.
Las tortugas llevan resolviendo cómo sobrevivir desde hace más de 200 millones de años. Los científicos apenas están empezando a entender con detalle todo lo que ocurre durante una de las etapas más escondidas de sus vidas.
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