La contaminación acústica interfiere en la comunicación de las ballenas

Una investigación muestra cómo la contaminación acústica, el ruido provocado por los humanos, limita la capacidad de comunicación de las ballenas. Pese a ello continúan cantando, pero ya casi no se pueden oír entre sí.

Mediante la disección de tres especímenes que los científicos encontraron varados, recién muertos, han develado los secretos de sus melodías que son el resultado de el rediseño de su laringe a través de cientos de años para poder comunicarse a grandes distancias.

Cómo es la comunicación de las ballenas

Diversos grupos de cetáceos se han adaptado a sus nuevos entornos: las ballenas dentadas (como los delfines, las orcas y los cachalotes) han desarrollado un tracto vocal nasal capaz de producir sonidos de alta frecuencia y, en el caso de los delfines, lo utilizan para la ecolocalización.

Mientras tanto, las ballenas barbadas (como la ballena azul, la ballena jorobada y el rorcual común) han cambiado casi por completo la estructura de su laringe. Este órgano, uno de los más complejos de los mamíferos, cumple dos funciones: la protección de las vías respiratorias y los pulmones, por un lado, y la pronunciación, por otro.

Los antepasados ​​de las ballenas vivieron en la tierra hace unos 50 millones de años, por lo que durante su rápida evolución tuvieron que adaptar su anatomía al medio acuático. Por ejemplo, trasladaron el respiradero a la parte posterior del cuello para facilitar la respiración en agua y aumentar la capacidad pulmonar.

Pero en algunos casos, también han tenido que adaptar sus capacidades comunicativas, para lo que han desarrollado una poderosa laringe que les permite regular y amplificar los sonidos bajo el agua, creando modulaciones que nos remiten a la melodía de las canciones.

Este es el caso de las ballenas barbadas, o misticetos, un orden de cetáceos caracterizado por la presencia de barbas en lugar de dientes, que incluye, entre otras, a las ballenas de Groenlandia, las ballenas jorobadas y las ballenas azules.

A diferencia de los humanos y otros mamíferos, estas ballenas no tienen cuerdas vocales pero sí un patrón en forma de U que les permite inhalar grandes cantidades de aire así como capas de grasa y músculo que otras especies animales no tienen.

Mientras que sus primos, los odontocetos, desarrollaron órganos vocales en la nariz, las ballenas barbadas hicieron lo mismo con su laringe, permitiéndoles expulsar grandes cantidades de aire con gran potencia, permitiéndoles producir sonidos con un alcance de hasta cientos de kilómetros.

Efectos de la contaminación acústica en los mamíferos marinos

Un sistema de comunicación de las ballenas que ha funcionado excepcionalmente bien durante millones de años no es inmune a un aumento inexorable de los niveles de ruido provocado por las actividades humanas.

Esto es exactamente lo que demuestra el estudio reciente publicado en la revista Nature, realizado por un equipo de investigadores austriacos y estadounidenses.

Para realizar el estudio, los científicos tomaron laringes de varios ejemplares de diferentes especies y diseñaron un experimento de laboratorio. Insuflaron aire en estos aparatos fonadores y comprobaron cómo funcionaban y producían sonidos de baja frecuencia.

Descubrieron que estos animales pueden reutilizar el flujo de aire y enviarlo a los pulmones varias veces para crear nuevos sonidos. Sin embargo, también descubrieron que estos aparatos bucales tienen “limitaciones fisiológicas insuperables a ciertas profundidades”, lo que significa que no pueden evitar el ruido antropogénico causado por la contaminación acústica de los barcos cercanos a la superficie.

En particular, llegaron a la conclusión de que sólo podían emitir sonidos distintivos a profundidades de hasta 100 metros, pero a mayores profundidades ya no podían comunicarse de la misma manera.

Sonidos submarinos para la comunicación

Los mamíferos marinos, incluidas las ballenas, utilizan el sonido submarino como su principal medio de comunicación y evaluación ambiental, las ondas sonoras son esenciales para la comunicación, pero también son importantes para la navegación y la búsqueda de alimentos.

Por ello, la ecología acústica de las ballenas y otros cetáceos contiene muchas "sintonías", desde las vocalizaciones que les permiten distinguir sus especies hasta la detección de todos los procesos naturales como el viento, la lluvia e incluso los terremotos.

Los científicos han observado ocasionalmente en la comunicación de las ballenas, algunos cachalotes pueden identificar con precisión a miembros específicos de su familia. Realizan una serie de clics específicos con sutiles inflexiones como si fuera el nombre de su ser querido.

Sin embargo, con la llegada de la era industrial, los humanos han cambiado drásticamente este paisaje sonoro.
Resulta que la presión acústica es mayor en el agua que en el aire, por lo que la contaminación también es más peligrosa porque puede afectar muchos aspectos importantes del ciclo vital de estos animales, incluidas sus funciones biológicas básicas, empezando por las vocalizaciones para la comunicación con fines de apareamiento, la orientación y ecolocalización de sus presas, lo que puede resultar mortal para estos animales.

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Con información de: https://elpais.com/

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